FEDERICO "LOBO" MULLER

LOS PROYECTOS

Yo no tenia proyectos de vida, era salir y ver como conseguía algo para consumir. Iba a trabajar, si lo hacia, porque debía, nunca quería. No me gustaban ni lo hacia relativamente bien. Era un sufrimiento, la mayoría de las veces. No supe construir un mapa para mi vida. 

No tenia proyectos para el futuro. Un plan, ruta, o el camino a recorrer. No encare mi objetivo para una satisfacción personal. Mi carrera, logro profesional, una obra de arte, un trabajo social, la práctica de algún deporte, una actividad comunitaria, escribir un libro… O formar una familia y tener hijos.

Al no tenerlo vivía desganado, desmotivado, y me «comía la cabeza». Me quedaba durmiendo, fumando, mirando tele, en la casa de mis padres. Envejeciendo y entristeciendo. Y para poder salir de «perdedor» lo más «fácil» era usar drogas. Y me quedaba en casa sin hacer nada, engordando, sin aportar nada. Pero para soportar eso necesitaba droga, alcohol, tabaco, y cuando llego a adulto, entro a «mirar de reojo la «pipa», para pegarme un «pipazo».

Al no tener nada para hacer, me quedaba rascándome todo el día… El malestar y la ansiedad empezaban a «golpear la puerta». Hoy, en mi recuperación, siempre busco un «monte nuevo a conquistar». Se terminó uno, festejo, descanso un toque, y voy por otro. Copado y que me guste.

Mi proyecto, en mi tratamiento, fue lograr e alta terapéutica, dejar de consumir, terminar un libro, hacer un programa de televisión, dar charlas de Prevención de Consumos Problemáticos, correr un Medio Iron Man en triatlón, y tener una novia. Y ahora, tras vivir en la nebulosa, hice todo eso y mas. Bien, mal, o regular. 

Los proyectos son personales, puede ser algo simple o algo sencillo, algo grande o algo complejo, a largo plazo o a corto plazo. El proyecto es todo lo que hay que hacer para llegar al lugar que queremos. Es la próxima estación.

La falta de proyectos da paso a un vacío, a la nada, a la ausencia de estímulos, al malestar. Se presenta una situación de apatía donde falta un motor que brinde vitalidad a nuestros días. Se instala el desgano, y el aburrimiento. Un frío polar te recorre el espinazo cuando no tenés a donde ir. Si es lo mismo, ir hacia la izquierda o la derecha es porque estamos perdido, evidentemente sin rumbos, cero proyectos.

Más vale que encuentren uno porque empezarán a pensar en como diluir ese malestar de naufragar en la «gran nada». Y un mal día vas a querer y necesitar aliviarlo con alcohol, drogas, timbas, o minas. Tener proyectos es tener un camino, y algo por lo que vale la pena luchar y vivir. Y hay que amarlo y respetarlo, porque es nuestro sueño dorado.

La falta de un proyecto es fuente de insatisfacción, tristeza y depresión. La pregunta clave es ¿Cuál es mi proyecto? El proyecto puede o no estar vinculado al ámbito laboral. Pero todo proyecto necesita de esfuerzo y dedicación.

Las fallas pueden venir de la falta de proyectos o de proyectos desmedidos, desproporcionados a nuestra realidad. En el primer caso, no nos acompañan la expectativa, la ilusión y la esperanza que iluminan nuestro camino e impulsan nuestras acciones. En el segundo, la incapacidad de lograr lo esperado se puede transformar en frustración y tristeza.

No hay objetivos ni metas que no hayan sido soñados de antemano. Así como no hay «buen puerto» para el capitán que navega sin rumbo, «gurises». En la escuela ya tienen que ir viendo su proyecto de vida. ¿Qué quiero ser?, ¿en qué me quiero convertir?

El día de mañana lo queremos vivir todos, a pesar de que nadie tiene la vida asegurada. El proyectarse al futuro, sin exageración, viviendo el presente y tener un proyecto que te dé expectativa. Hay que agarrar una hoja en blanco y encontrar la respuesta ahí.

El proyecto y su ejecución estimulan, son energizantes, infunden esperanzas, y dan trascendencia a nuestra vida. Puede ser educarse para contribuir a nuestro barrio, nuestra ciudad, al país, o al mundo. Una persona que encontró el propósito en su vida aguantara cualquier cosa, y como sea. 

El propósito da libertad, bienestar, es muy importante, y encima se te puede cumplir. Sin proyectos todo termina por desaparecer «donde habita el olvido». Y terminaremos mandándonos cualquiera. Para terminar en una parca, o cárcel. Donde «los pibes» no son hospitalarios, por más que te manden muchas veces al hospital…

Federico Muller

 

 

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