Estoy en el patio de mi casa, acá vivo desde que tengo diez años. Llueve a cántaros en Concordia y es primavera. Hace rato que no veo el jardín y el cielo tanto tiempo, y conscientemente. Estando en el aquí y ahora. Mirando y escuchando con la mente plena como cae agua «a baldazos» y se tuercen las ramas de los árboles. Agudizo la mirada y me encuentro con mis dos viejas y queridas bicicletas.
Las saque para lavarlas. Pero sostengo la vista en el punto y logro verlas, sentirlas, hablarle, lavarlas, secarlas, y engrasarlas. Estoy combatiendo mi ansiedad, percibiendo sus detalles. Veo un componente, lo toco, los nombro para acodármelo y le pongo un adjetivo. Para tener idea de como están, ya que nunca las miro, pobres, con todo lo que me han dado. Las subo y las piso nomás. Con lluvia, frío, viento, en grupo, solo, y contra viento y marea.
A la GT Pantera la tengo desde el 1989. Es como un Torino tope de gama listo para una carrera. Una reliquia irrompible. Era de mi mamá. Ella le puso un canasto adelante, y dos bolsitos a los costados. Para hacer sus mandados. Es hermosa, nunca la miro y mimo. La ruedo tranquilo sabiendo que llega a destino.
Hoy es mi flete, me lleva a todos lados. Y me levanta el ánimo. Le auguraron la muerte varias veces. Como las palancas estaban dobladas y chocaban con el cuadro… las ablandamos con calor y martillazos. Como el pedalier está barrido, la biela no rodaba y patinaba… No tenía salida… casi que le firmaron el certificado de defunción. Pero le pusimos una prótesis y anda volando. Siempre volvió.
Me piden comprarla, o me sugieren que la cuelgue en el quincho, como decoración, yo le sigo dando andar, por las calles de concordia y alrededores. La gente me saluda en tremendas naves, escuchando música al palo y manejando muy rápido. Yo voy lento, porque no tengo urgencia, voy ganando salud, y muy lejos de sentirme menos.
La otra es una Scott 2013, de carbono, rutera, y en su momento tremenda nave. Corrí como 100 triatlones. Ochenta shorts, veinte olímpicos, y seis medios Iron Man encima de esta. Y millones de quilómetros de entrenamientos. Le di duro. Las hicimos a todas. La he dejado prendida fuego con muy buenos tiempos. La Pantera Rosa hizo historia. Me han colgado de la horqueta también, yendo en mal estado. Es una resiliente y delicada máquina. Vieja, elegante y picante.
Como soy periodista… leo mucho, miro videos, escribo, filmo, opino, busco tutoriales, chateo con los amigos por WhatsApp, busco la mejor bicicleta en Mercado Libre, veo el compacto de futbol, tría, boxeo, pódcast, spoty, Google, Face, Wikipedia, Meta, o le pido al ChatGPT algunos consejos. Escribo, corrijo, edito, corto y confecciono «como un loco». Finalmente, quedo bizco de tantas redes.
Debido a esto, casi no miro caer la lluvia, ni inventos formas con las nubes, ni percibo como crecen las plantas. No priorizo el mundo y sus maravillas. Me llevo puesto la ola tecnológica y sin que me dé cuenta.