FEDERICO "LOBO" MULLER

LO QUE NOS RODEA NOS MOLDEA

El éxito en mis hábitos no depende tanto de mi fuerza de voluntad como de mi entorno. La fuerza de voluntad es como una batería: se agota. Por eso trato de pasar menos tiempo en situaciones tentadoras.

Una vez que mis hábitos, enfermos de comida chatarra y drogas, o sanos de comida natural y deportes, se formaron en mi cerebro, ya están listos para usarse en cualquier momento.

Cuando me acostumbré a comer, tomar, fumar, alcoholizarme, drogarme, y en exceso, después el cuerpo y la cabeza me lo pedían; lo evocaban, y casi que no me podía escapar de volverlas a usarlas. La próxima vez que me exponía, las veía u olía; se venían esas urgencias de consumirlas. Una y otra vez.

Me junté con gente que estaba en lo mismo. Dónde se fue escalando ese bacanal. Es altamente improbable que alguien cambie y se apegue de manera consistente a nuevos hábitos positivos en un ambiente negativo.

Por eso lo mejor es optimizar mi ambiente. Convertí mis buenos hábitos (terapia, deportes, escrituras y amigos sanos) en evidentes y notorios. Y volví invisibles mis malos hábitos (drogas, alcohol, compañeros de consumo, boliches, etc.). Es más fácil evitar la tentación que resistirla. Ese es el gran tip: eliminé mi exposición a las señales que desencadenaban mi consumo imparable.

Las conductas suelen comenzar por una señal visual o contextual. Si ves comida chatarra, drogas, aumenta la probabilidad de consumirlas. Si sos adicto, te agita. Si el celular está al alcance, lo revisas sin pensar; si un libro está visible, es probable que lo leas.

Al ir al club o al grupo de triatlón, o a la facultad, yo diseño mi entorno para que el buen hábito, o el que quiero tener, sea el camino más fácil. Guardo snacks poco saludables fuera de mi vista. Desactivo las notificaciones. No me junto con gente que consume cocaína, o al menos delante mío. Dejo la ropa deportiva preparada la noche anterior. La disciplina es más fácil cuando el entorno está diseñado correctamente. Mi vida en el club y equipo de triatlón me deja la tierra fértil para que yo sea triatleta.

Los hábitos están conectados con el contexto. Por eso cambiar de ambiente puede ser más poderoso que intentar cambiar de voluntad. Cuando quise salir de las drogas, la veía y me la metía. Tenía que volver al club a nadar, ir al gimnasio, juntarme con mis amigos sanos a correr y hacer terapia grupal. Que no se haga apología de la droga.

En la recuperación, muchas recaídas ocurren cuando uno vuelve al mismo entorno que activaba ese hábito. El cambio empieza cuando dejamos de vivir rodeados por las señales que alimentaban el viejo comportamiento; si cambia el entorno, puede cambiar la conducta. Si me juntaba con mis amigos de consumo, iba a recaer reiteradamente. ¿Cuánto podía dudar?

Así como los soldados dejaron el consumo de heroína de la noche a la mañana, casi por arte de magia, al cambiar el contexto después de la Guerra de Vietnam, yo mejoré cuando hice un tratamiento en una clínica y volví a juntarme con gente de comunicación, del tratamiento, y a hacer deportes con amigos sanos.

Si estás con tus compañeros de tratamiento, en el club, si vas al gimnasio, si vas al kinesiólogo, si consultas al médico deportólogo, si haces terapia, hablas con el dirigente, operador terapéutico, por ejemplo, si vivís en una atmósfera de club sana y amigable, vas a poder dejar las drogas que quieres evitar.

Un jugador no entrena más porque “tiene más ganas”, sino porque el club tiene horarios claros, sus compañeros entrenan, el entrenador genera rutina, el material está disponible. El ambiente reduce la necesidad de motivación constante. Hay torneos y competencias, canchas, vestuarios, piletas, lo que sea para estar conectado a una vida de amigos, lejos de la soledad y su frío.

En el deporte, los hábitos aparecen cuando las señales son visibles: un bolso deportivo preparado facilita entrenar, la pelota y los botines, la bici y las antiparras, etc. La agenda con horarios fijos elimina excusas. Grupo de entrenamiento activo genera pertenencia. Objetivos visibles mantienen el foco. El secreto es que entrenar sea lo normal.

Un club deportivo o una facultad funciona como un “ecosistema saludable”: ofrece modelos positivos. Reduce tiempos muertos. Genera reconocimiento social sano. Por eso muchos jóvenes encuentran en el deporte y la facultad un espacio que ordena hábitos sin necesidad de discursos constantes.

Un programa preventivo funciona cuando logra: disminuir situaciones de soledad o vacío, aumentar actividades estructuradas, ofrecer referentes positivos, generar rutinas estables. Es decir, no lucha solamente contra la conducta directamente, sino que modifica las condiciones que la generan.

Si se rodean de gente con un buen estado físico y deportivo, que quiere aprender y estudiar, lo más común es que ustedes también hagan ejercicio regularmente y tengan una adaptación activa a la realidad, aprendiendo cosas nuevas siempre En un club o un running team, por ejemplo, la conducta normal es ser deportista. Es casi una obviedad que, si yo voy allá, me haga deportista.

En esos recintos, como un grupo de autoayuda o una escuela, la amistad y la comunión quedan grabadas para toda la vida. Forman tu identidad. Y te ayudan a mantener las conductas saludables que quieres conquistar. Y durante mucho tiempo. Como siempre me dice un amigo: «Somos el promedio de la suma de la gente con la que nos juntamos».

Tener una adicción es tener un calvario que nadie quiere vivir. Nadie en el fondo quiso ser adicto. Pero hay una cosa buena en ser adicto. Que si te recuperás, si tenés un buen proceso, es una enfermedad en la que vas a estar mucho mejor que antes. Vas a ser más compasivo, más humanizado, más resiliente y más inteligente emocionalmente.

Mi mensaje para aquellas personas que están sufriendo: «Algún día se recuperarán y contarán su historia de superación y serán la guía de otras personas con adicción».

FEDERICO MULLER

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