FEDERICO "LOBO" MULLER

PERIODISTA DEPORTIVO FEDERICO MULLER EN «LA LEY DEL DEPORTE» (3/4/18)

Yo, Federico Müller, nací en Rosario, Santa Fe, pero me crié en Concordia, Entre Ríos. Terminé la escuela primaria en la Almafuerte y la secundaria en Borges. Soy recibido de periodista deportivo en E.S.E.D. de Capital Federal y de cocinero en Gato Dumas de Rosario.

He trabajado diez años en gastronomía viviendo en Concordia, Santa Fe, Rosario, Buenos Aires, Punta del Este, Buzios, Filadelfia, Nueva York, Miami, Alaska, y Honolulu Pero siempre consumiendo drogas y cada día sintiéndome peor. Y ya en las «últimas», mi viejo me lleva a hacer un tratamiento que fue muy tortuoso para mí.

Y el sábado 5 de mayo del 2018, El Arte de Volver, la institución que me tuvo de paciente y toda la paciencia, me dio el alta terapéutica. El camino para que yo dejara la vida enferma fue terriblemente difícil para mí y mi familia. Una verdadera pesadilla.

En febrero del año 2015 empezaba mi tratamiento contra mi adicción a las drogas. Consumía muchísimo alcohol, tabaco, comida y drogas para anestesiar mi «terrible» malestar. Pesaba 110 kilos y llevaba una vida sin rumbo. Comía sin sentir jamás el gusto a la comida ni saciedad. Dormía todo el día en mi rotisería «La Cocina del Lobo». Rezando para que no llegue algún cliente a molestar mi «sueño eterno». Estaba muerto en vida.

Las normas de tratamiento me obligaban a dejar de juntarme con «amigos» de consumo que eran los de toda mi vida, me sacaron las redes sociales, celulares, dinero, la posibilidad de intimar con una mujer, la libertad de caminar por la calle y hasta de poder estar solo en mi propia casa. Me quería tomar el primer «Lucerito» que salga para Hawái…

En el primer periodo de tratamiento me sentía cumpliendo una sentencia, sin haber cometido un pecado, sin confiar en que se puede vivir una vida sana y bien copada. Ahora resultaba que yo estaba en la «leonera», preso en una clínica de Chajarí, justo uno que «tenía que vivir a cuerpo de rey», y quien era el que siempre «pegaba los gritos».

El Arte de Volver me pedía que hable de mi historia, de mis pensamientos, de mis emociones, de mis sentimientos, y con el corazón a «cielo abierto». Me confrontaban, cuestionaban, me presionaban a que me meta en mi mundo interior, a mi, que lo único que le gustaba escuchar era a los «aduladores de turno», quienes aplaudían mis miserias a cambio de «venenos para el alma». Que te van matando vivo y mienten la salud. No sabía de qué me hablaban ni cómo hacer «todo eso». Era un analfabeto emocional.

Ellos estaban en la guerra contra las drogas y nuestro aislamiento, y había que salir de «las trincheras», pelear y sin máscaras. Siendo Federico, no «El Lobo Muller». Yo me había puesto una máscara de «Lobo Feroz», que me había acompañado a todos lados del mundo. Comía, dormía, meaba y me recontra drogaba durante semanas con la «máscara» puesta. Hasta que ya nunca más supe quién realmente era. ¿Quién era en realidad Federico? Solo sentía que la vida era horrible y que no valía la pena pelear. Y que sin drogas, ya el personaje no funcionaba…

Hablando y escuchando en el tratamiento, aprendiendo a conocerme, a saber quién yo era y para qué estaba en este mundo, me fui haciendo «camino al andar» en mi recuperación. Escribiendo, leyendo, haciendo caso, aprendiendo humildad y esfuerzo, como dice una parte de la filosofía del Arte de Volver. Recuperando los viejos y buenos valores.

Me enseñaron que el que se droga es porque no puede. Está tenso, estresado, desbordado por los quilombos externos o internos que se hace uno. El adicto lo es porque no puede disfrutar de este maravilloso milagro que es nuestro viaje por la vida, sin buscar una «válvula de escape» tóxica a la infelicidad. Y también aprendí que el adicto es un soberbio que no tiene la humildad de confesar sus pensamientos y emociones tóxicas, su vida miserable, sus traumas del pasado, sus inseguridades, sus odios y sus miedos. Y elige vivir una vida vacía de contenido digno…

Prefiere hacerse el guapo, el picante y el rebelde, antes que pedir ayuda a los que lo aman y mucho. Y así se lleva puestas muchas vidas al caminar… Les pido que pidan ayuda, gurises. Todos necesitamos ayuda de una u otra manera… Nadie puede solo. Eso no existe…

En el tratamiento, donde tuve dos crisis de ira en los dos campamentos que hicimos en Cutral Co y en el Lago de Salto Grande, me di cuenta de mis desajustes mentales, de que me enroscaba con pensamientos negativos, de que me ponía pesimista, de que no podía dormir, y de que dentro de mí habitaba un «lobo feroz». Al que yo había alimentado y por mucho tiempo…

Gracias a mi paso por el tratamiento, adelgacé como treinta kilos, dejé de fumar, de tomar alcohol, de drogarme, de querer «entrarle a una mina como si fuese un bife»… y de decir y hacer boludeces todo el santo día. A «quien me quiera escuchar».

A mitad de mi recuperación empecé a competir en carreras deportivas. Primero con un acuatlón, luego en un duatlón, después un triatlón, y finalmente coroné esta «luna de miel» con la vida sana con un Ironman 70.3 en Concordia, mi ciudad. Ah, y lo que es muy importante, disfrute de cada segundo de la carrera, que me demandó felices e inolvidables cinco horas y treinta y cinco minutos de eterna gloria personal. Y viejo sueño cumplido…

En agosto del año 2016 debutaba, gracias al aliento de los operadores de la Clínica El Arte de Volver, a ejercer, por primera vez en mi vida profesionalmente, mi carrera como periodista deportivo. Yo había estudiado y terminado, veinte años atrás, en el Instituto Superior de Ciencias Deportivas de Buenos Aires. Y luego viajado al exterior, a conocer otros «vivires y decires», porque el miedo y la inseguridad que padecí por mi mente inquieta en mis pasantías en la radio y el diario, fueron frustrantes y no lo pude tolerar de la mejor manera. Tenía atención dispersa y poca memoria, como para hablar a la carrera mientras pensaba, pero no lo sabía… porque no me conocía.

Como nunca me animaba a ejercer el periodismo, no me tenía fe, decía que estaba desactualizado, que no me interesaba, que había perdido el español, que ya estaba re grande, que no me importaba si ganaba, perdía o desaparecía Libertad o Colegiales. Había trabajado en laburos ásperos y «feos». Y ya no quería trabajar más de nada. Hasta que empecé un día en una radio de Concordia a realizar mi primera columna de boxeo, leyendo lo escrito por mí. Luego vino una de deportes, otra de información, gastronómica, etc.

Arrancamos con la web lobomuller.com y sentí que podía. Que sabía, que tenía las herramientas como para hacer algo ingenioso, con onda, que debía confiar. Empezó el programa «La Ley del Deporte», el programa de entrevistas a los referentes deportivos…

El viejo dueño de la radio quería cerrar porque le daba pérdida… hasta que me animé, con la ayuda de El Arte de Volver, de mi viejo, de mis auspiciantes, y de los elogios de mis lectores y oyentes, a hacerme cargo de la empresa. A conducirla, administrarla, a ser periodista, a ser adulto. A ser un hombre. A ser humano…

Tu peor enemigo está dentro de ti, en las mentiras que te dices, para luego mentirle a los demás. Tu enemigo sos vos cuando no hablas de tus malas sensaciones, en tus «mambos», en lo que no estás dispuesto a confiar a los otros. Y para no sentirte un cagón y un pelotudo, un mal día decides pegarle un «batazo a tu conciencia» con la droga, el alcohol o la timba. Y herir a los que te aconsejan, sugieren y muestran un camino honesto y sano.

Cuando te quieres acordar… pasaron quince años. Tus abuelos ya no están, tu vieja se te fue, tu hermano Tomás está muy lejos y tu papá Hugo Muller se te está poniendo viejo. Y aquellos que confiaban en vos se llevaron una gran desilusión. Y vos a todo eso lo sabes mejor que nadie… No es que no lo sepas.

Se terminó una larga pesadilla. Que por no pedir ayuda en su momento me enfermó y enfermó a tanta gente. Me animé a afrontar la vida sanamente. A creer en mí. Y a sentir el impagable bienestar que te da saber que, aunque no soy ni seré perfecto, di mi 100 %. Lo demás es puro cuento…

Hoy Federico Muller se gradúa de valiente y créanme que es una gran noticia. Aunque los diarios no lo digan ni yo salga en cadena nacional… Para mí es un paso que me llevó mucho tiempo y vergüenza dar. ¡Por miedo al «qué dirán»! Hoy ya no le escapamos al miedo… ¡Vamos hacia el rugido del león! No está quedando otra…

FEDERICO MÜLLER (3 de mayo del 2018, hace frío y llueve mucho en Concordia).

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