FEDERICO "LOBO" MULLER

¿QUIEN FUE EL CONCORDIENSE RODOLFO «EL PATO» ROJAS? POR LA LEY DEL BOXEO

Hoy informamos del fallecimiento de Rodolfo «El Pato» Rojas. Es noticia en toda Concordia. Y vamos a contarles quién fue, para nosotros, «El Pato». El nació un 18 de octubre de 1954 en Concordia. Vivió y se hizo ídolo. Tuvo una destacada vida como boxeador aficionado. Y muy popular carrera como profesional.

Pero también por ser un personaje adorable de nuestra ciudad. Siempre anduvo en la vieja «Capital Provincial de Pugilismo» repartiendo buenos sentimientos. Forma parte de la mitología. Historias fantásticas y casi inverosímiles. Un personaje que todo el mundo sabía quién era. Un «loco lindo». Un «loco bueno».

Todos estamos un poco locos. ¡Los únicos que no están locos, lamentablemente, yo nunca tuve el gusto de conocer! Una vez que intimamos sabemos que no estamos solos en este lío. Si no estamos todos juntos en el manicomio… ¡Es solo por una cuestión de espacio nomás!

Al Pato se le veía la pureza de su corazón «de toque», enseguida te dabas cuenta de que no «complicaba». Iba a la Cantera (gimnasio antiguo y «Cuna de Campeones» en Concordia, donde hoy está el Monumento al Boxeador). Andaba ahí jugando, viendo, mirando y admirando. Acomodaba las sillas, las mesas, y hacía los mandados. Mientras soñaba con ser el Rey. Su vida era el barrio, los amigos, y algún que otro festival de boxeo o bailable.

Era de La Cantera (Avellaneda y Concejal Veiga). Límite con Las 28 Puñaladas. Ahí, al lado del Arroyito Concordia (hoy entubado). Y vagaba por las cortaditas de Las Heras y Concejal Veiga. Ahí era figura. Ese fue su barrio de toda su vida. Ahí, entre cortadas y callejones, seguía siendo un Rey. Un Rey bueno. Un buena onda que inspiro buenos juicios sobre el boxeo y sus deportistas.

Ahí anduvo sacudiendo la bolsa «a los chirlos». Pegaba tan fuerte que hamacaba las copas de los árboles. Cuando una parra tiritaba era signo de que abajo estaba el «Pato» Rojas entrenando… O enseñando a sus «gurises». Era una imagen hermosa del Rey Bondadoso. No un Rey Mala Onda (como dijo un vecino escritor y muy amigo). Generaba ese halo. Colgaban la bolsa de la parra de don Delaloye (Dueño de la Farmacia Las Heras), y se acercaban los curiosos a «ver esa postal». Le mostraba a toda la «banda» que andaba siempre con él.

Rodolfo Rojas, como aficionado, entrenaba mucho en el patio de la casa de «Chichín» Chamorro. No tenían elementos deportivos ni grandes planes de trabajo. Hacían una colecta, vendían cosas para conseguir un buen par de guantes, una venda, alguna bolsa… Había mucha pobreza en esa época como para tener algo nuevo, caro y bueno. La gente los ayudaba mucho, colaboraba todo el barrio por «la causa».

A «El Pato» como profesional lo entrenaba el popular «Banana» Enrique, luego lo llevó Juan Carlos Pradeiro para el Luna Park. Para saltar al próximo nivel. Le ha ganado a Eduardo Contreras, a Rómulo Ibarra, perdió con «Cococha», con Luis Suárez, con «El Mono» Vallejos ya de viejo...

Cuando peleo Juan Carlos «El Negro» Bogado con Aguilar en el club Libertad por el título argentino Mediano, «El Pato» ganó por KO en el Round 2°. Pegaba fuerte, guapo, era aguerrido. Le faltaba «instinto asesino». No quería lastimar a nadie, ni hacer daño. Por ahí si noqueaba era porque tenía «pólvora», además de tremendo lomo, pero… peleaba muy seguido, cada vez que podía. Le gustaba. Y lo necesitaba. Cuatro veces por mes, demasiadas peleas, demasiadas palizas…

Rodolfo Rojas era muy aguerrido en el ring, pero un tipo bondadoso, humilde, y demasiado bueno para su propio bien debajo de él. Un temible pegador de la categoría Welter (147 Libras/64 Kilos), sus clásicos con Bernardo «Cococha» Narváez y «El Mono» Vallejos dividían a los barrios. Sus contiendas eran excitantes y de ida y vuelta. Pegaba, pero cobraba también. Peleo con Carlos Herrera, con Rómulo Ibarra, con Luero, con Suarez, la trilogía con Benito Zumoffer, con Portillo. Siempre daba buenos espectáculos. Por eso se dice que: «nadie llenó el Ferro como «El Pato».

Luego se cansó, se le fueron yendo las ganas de entrenar… Y empezó a querer experimentar otras cosas que la vida tiene para ofrecer… Los bailes y los caballos. En un principio era muy de estar con su familia, le gustaba quedarse con la vieja. Una vez que se fue ella ya todo fue distinto. Se quedó sin sostén. Ella era todo para él. Le hacía tremendos ravioles, fideos caseros, unas sopas que todavía hoy cuando las recuerda se besa la punta de los dedos y llora por ella.

Rojas aprendió a hacer todo gracias a ella. Luego aplico las técnicas cuando le cocino a su mujer en el callejón de Rawson Sur y Humberto Primo. Hacía altas Riojanas, Milanesas, Asados deliciosos con su primo Merini (el papa del periodista deportivo y amigo personal Luis «El Tito» Merini).

El popular y taquillero Pato Rojas me dijo que se arrepintió de no haberse cuidado más en su carrera, no entrenaba muy bien. Había empezado a fumar, a tomar. Iba a bailar al club Libertad, al Ferro, Sarmiento, Español…

Fue un «Bailador de Madrugada». Como dicen del «El Chúcaro»: «No le duran mujeres. Las gasta en el baile hasta hacerlas morir…». Iba hasta el San Martin caminando. Vagoneta. En busca de un inmortal «firulete». Era todo calle de ripio, no había tanto tránsito ni peligro. Se comentaba que le sacaba «brillo a la pista». Y «música al cuerpo». La rompía… Folclore, tango, lo que venga, muchos amigos músicos. Las salidas, los vicios, los amores, los llantos de madrugada, las promesas, y las traiciones… .

Rodolfo Rojas vendía pollos y asados en el ferrocarril, era ferroviario. Le gustaban las carreras de caballo. Un día fue, vendió y ganó mucho dinero. Se copetió, se tiró en las vías «medio mameluco», y los «amigos del campeón» le robaron toda la plata. Esos mismos que habían pasado juntos «la caravana». Pero no tenía rencores. Aceptaba las cosas como eran. Hay gente que te aplaude de cara y te apuñala de espaldas. Pero hay gente que no… Trabajo en Mosaicos Albarenque, y fue Remisero.

También chofer de la Ambulancia en el Policlínico Ferroviario y de la Asistencia Pública. Siempre manejando a cualquier hora, ayudando en lo que pueda para llegar lo más rápido posible a socorrer en una emergencia. No andaba con giladas. Siempre una vida y su familia estaban esperando por los médicos y él.

Últimamente, andaba muy mal, descarriado por «el copete», las minas y el «escolazo». Una mujer puede ser tu sol. Pero también pude ser tu nube. Dormía donde lo «agarre la noche», tomaba en lo de «El Rucho», y posteriormente se iba «de boliche en boliche». Y seguía siendo muy sensible. Lloraba y se angustiaba mucho. Lo querían, sus amigos, con locura. Me pedían que lo vaya a levantar, que lo interne, que le hable… Yo iba y nos veíamos. Nos daba una alegría… Pero no quería. Ya hacía rato que este ídolo no le podía pelear más a la vida…

FEDERICO «LOBO» MULLER

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