
Los campeonatos mundiales de triatlón y de boxeo están en boca de todos, ya que hay muchos campeones mundiales. Si hay un solo mundo, no puede haber demasiados campeonatos mundiales.
Yo le cuento, yo vengo del periodismo de boxeo, que es mi especialidad, lo estudié durante muchos años y existen los campeonatos mundiales de la Asociación Mundial de Boxeo, Organización Mundial de Boxeo, Federación Internacional de Boxeo y del Consejo Mundial de Boxeo, que son los únicos cuatro organismos mundiales reconocidos por la academia o por los especialistas, por el ambiente, más de Ring Magazine, la Biblia del Boxeo, que es una revista centenaria que normalmente corona a los campeones unificados o a los lineales.
«El lineal» es el campeón que le gana al excampeón; ese excampeón había derrotado a otro campeón y así hasta llegar a los comienzos de la historia. Y que normalmente son considerados como los verdaderos campeones mundiales o campeones lineales o indiscutidos. O los unificados, como por ejemplo, el rey de la OMB (Organización Mundial de Boxeo) se unifica con el que gobierna en el CMB (Consejo Mundial de Boxeo).
De cualquier manera, estos campeones son profesionales, de alta competencia, se dedican a eso y «vuelan».
Son campeonatos mundiales, son porciones de campeonatos mundiales y los otros se dicen la jerga, cinturones de papel picado. Que no tienen validez o reconocimiento, están vacíos de contenido.

Dicho esto, trasladado al triatlón, existe la ITU, la Unión de Triatlón Internacional, que regula esta encima de los campeonatos de la Federación Argentina de Triatlón, que te federa para un Sudamericano, después vas al Panamericano, después vas a los Juegos Olímpicos, donde están Porter, Beugrand, Alex Yee y los hermanos Brownlee, por nombrar conocidos. Son pro y son de élite. Estos van a los campeonatos mundiales ITU y esos son los verdaderos campeones mundiales.
Después, ya adultos, van a la media distancia y larga distancia. Cuando no pueden competir con los más jóvenes. Siguen siendo estrellas y profesionales. Como en ITU no están esas distancias, se van a la larga. Estos, los aficionados, podemos correr pagando. Pero no competimos contra ellos.
La marca Ironman, a Niza y Hawái, les llama mundiales a aquellas citas que, por un sistema de puntos, clasifican a los que hacen determinados tiempos. Ciertos lugares te dan más puntos y es más fácil clasificar. La franquicia Challenge Family (Desafío Familiar) a este encuentro mundial le llama «The Championship» (El Campeonato). Y se hace en Eslovaquia.
Hay diferentes campeonatos de franquicias privadas con fines de lucro. Algunas prestigiosas, otras no tanto. Una es Ironman. Casi todos hemos corrido ahí. Estas franquicias, hay que recalcar, sí o sí, son privadas. Hay mundiales de esos profesionales que comparten el escenario con los aficionados.
Los concordienses que participan y clasifican a esos «mundiales» pagan para ir, son aficionados, recreativos, adultos y ya mayores. No son élite, ni lo fueron ni lo serán, ni nada de eso. Si bien clasifican, se paga el viaje, se paga la competencia y van más de paseo que a competir.
Dicho esto, hay que clasificar, hay que entrenar, hay que andar bien, tienen una disciplina bárbara, los Alejandro Barla, los Alejandro Samba, Mateo Orlandini, Victoria Roman ahora. Pueden decir que van a un encuentro mundial porque va gente de todos lados.

La verdad es que hay que sacarse el sombrero porque entrenan muchísimo y hay que hacerlo con trabajo, algunos con hijos, empresas y responsabilidades y demás. Pero son mundiales privados de esas empresas privadas solamente. A la vez son amateurs. Muchas veces el deportista, familia, o la prensa, por ese afán de vender, o impactar, o conseguir auspiciantes, manguear, por su narcisismo y yoísmo… chamuyan y confunden a la gente.
No son campeonatos mundiales para ellos. Sí, para los profesionales como Jan Frodeno. Si vos querés, son campeonatos mundiales, de aficionados, de adultos, de edades, pero no son campeonatos mundiales como los que corren Porter, Beugrand, o Vincent Luis, o Lucy Charles, Blummenfelt, y demás. Hay que contar la entera verdad.
Esos son los verdaderos protagonistas de los campeonatos mundiales, los de ITU; luego, media y larga distancia pro, son los campeones o campeonatos mundiales, ya nada más. Porque si no estamos llenos de mundiales, mundialistas, campeones mundiales, y le faltamos el respeto a los que sí son élite, la reman y mal, y los laureles se los lleva uno con «corazón de Kohala».

Cuando quizás no hacen podio ni en la Asociación Concordiense de Pruebas Combinadas y después se van a campeonatos mundiales y son estrellas de Hollywood en las redes.
¿Estoy yo envidioso de ellos? No, los admiro, créanme que los admiro, pero no me gusta que no se cuente toda la historia a vos que no sos del ambiente, que no sos del palo, que no venís del triatlón, o que no venís del boxeo, y que te comas la historia de que se van a campeonatos mundiales. Es la tragedia de las redes.
Yo recuerdo y, como para cerrar, con padres, promotores y managers, yo decía: «Mirá, este boxeador que es buenísimo, su rival es buenísimo, la pelea es importantísima, pero no van a pelear por un campeonato mundial. El rival es de categoría mundial, de élite, es olímpico, pero van a pelear por un título inventado por una promotora que no tiene validez mundial, es solo una mentira comercial. Obviamente, se me caían los amigos «como moscas»…
Créanme que esto es así porque estuve casi toda la vida en el boxeo leyendo, mirando y admirando a los boxeadores.
Porque yo voy a charlas de prevención de adicciones y muchas veces los chicos ven redes sociales, ven ídolos que son espectaculares, lindos, buenos, generosos, campeones, figuras y por ahí son ídolos de barro, se inflan, flashean, se venden historias que no son tales, que son buenas, pero no son de ídolos universales de todos los tiempos porque nada que ver.

Entonces, los chicos se sienten frustrados, quieren ser como ellos y nunca lo pueden llegar a lograr porque realmente esa persona no existe, esa persona perfecta, ideal que le quieren vender, no existe. Entonces, les genera mucha frustración, malestar, sufrimiento, dolor, angustia y eso es lo que tenemos que evitar. Que las redes sociales sean una gran red de mentiras.

Podríamos estar orgullosos, como yo, de ser un adicto en la alta terapéutica que hace deporte, bien, mal o regular, que me ha ayudado a salir de mis adicciones.
Otra persona tiene un gimnasio, una familia, empleados, trabaja, factura, viaja, hace triatlón y tiene un muy buen nivel, clasifica para ir a competir afuera, y eso hay que valorar, pero nada más. Tampoco son leyendas de todos los tiempos del triatlón o del boxeo. No hay que flashear ni vender «espejitos de colores» ni inflar una burbuja que es irreal. Como dijo Cherquis Bialo una vez: «Prefiero ser creíble antes que querible».
Federico Müller

