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FEDERICO "LOBO" MULLER

FALLECIO CARLITOS BONETTA ¿QUIEN FUE «DON CARLOS»?
ENTREVISTAS Y HOMENAJES

FALLECIO CARLITOS BONETTA ¿QUIEN FUE «DON CARLOS»?

Federico Muller septiembre 28, 2026 3 min read

Ayer 27 de septiembre se fue don Carlos Bonetta. Un tipo que yo veía todos los meses porque le iba a cobrar la pauta publicitaria de la radio en su histórica vidriería. Iba, me instalaba un rato largo, y me volvía con una mochila de historias del pasado, presente, e ideas para el futuro.

Carlos era, como escribió el periodista Osvaldo Bodean, casi un periodista. Estuvo vinculado a programas de radio en LT 15 y de la televisión. Amigos de los periodistas y de los técnicos. Por ende, mi fuente histórica a la hora de hacer una revisión de los grandes programas, locutores y medios de nuestra querida ciudad.

Esposo de Mary Vallone de Bonetta y padre de Emanuel, mi amigo personal Matías, Inés y Andrés. Supo dar continuidad a la vidriería que heredara de sus padres, que tiene casi 90 años, ubicada en calle 25 de Mayo casi Güemes. Siempre trabajando, dispuesto a ayudar y solucionar, amable, y cordial.

Nunca pasé por alto el tesoro que había en las historias que me contaba. Trataba de retenerlas en la memoria. Historias familiares, policiales, periodísticas, políticas, comerciales me daban pertenencia; enseñaban cómo eran las cosas antes.

Me transportó a épocas pasadas llenas de aventuras, desafíos y triunfos. Fue como abrir un libro de cuentos donde se narran las epopeyas de una época, las desventuras, los grandes nombres, los pocos deseados, y las historias de nuestras familias. Cada anécdota, cada recuerdo, fue un hilo que iba tejiendo la tela de nuestra identidad. En este caso, la de la vieja Concordia.

El arrancó a trabajar a los 12 años con su papá, en la Vidriería. Su viejo lo llevaba y enseñaba. El hacía los mandados, arreglaba, cortaba, pegaba, e instalaba. De a poco fue aprendiendo a ver cómo era, fue «afilando la máquina».

Además, ha sido profesor de Mecanografía en la Técnica 2, de Tecnología, unos años de Filosofía, porque estudió en el Instituto de Profesorados, Doctrina Religiosa en San José y celador en la Agrotécnica. Estuvo casi cuarenta años en la docencia.

Era muy simpático y entretenido. Yo, embobado con sus charlas, mientras laburaba. Gran colocador de buenas palabras sobre la marcha, gracias a su paciencia y vida en las escuelas y docencias.

Miraba de reojo a los costados y veía vidrios de todo tipo y para todo, además del diario El Heraldo, y la radio LT  15 sonando; obviamente, herramientas. Era una foto de la añorada clase trabajadora argentina, de los 80, casi una «placa» de mi abuelo Loredano.

Cada conversación con él era un viaje al pasado, una oportunidad para comprender las raíces. El tiempo compartido con don Carlos adquiría un valor inestimable. Me sentía arraigado, protegido por su abrazo cálido.

Como conversábamos tanto, a veces mandaba a Eugenia a cobrar, para no demorarnos, y él salía a la vereda y me llamaba riéndose para hablar. ¡Qué lindo era sentirse tan querido por ese pedazo de tipo!

Era un libro fantástico. Pasar a escucharlo era estar con un Felipe Piña, pero con la diferencia de que este presenció los hechos que contaba. Ávido de saber de dónde venimos, quiénes somos, yo lo «entrevistaba», me servía de su «memoria de elefante», y de esa picardía que le dio la calle.

FEDERICO «LOBO» MULLER

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