
El que se droga es porque, normalmente, tiene algún tipo de problema físico, mental, o espiritual. Algo no anda bien y nos anestesiamos con drogas. Nos encajamos algo como si fuera una poción mágica, que nos perpetuará nuestro bienestar. Y tal poción no existe, ni existirá. Como casi siempre preferimos callar y no hablar de nuestros mambos, decidimos transitar ese apego en soledad y silencio, no pedir ayuda, cerrarnos, y eso nos termina convirtiendo en adictos de alto nivel.
Yo ya tenía algún problema mental de atención dispersa, pensamientos obsesivos, nervios, etc. Pero la droga me fue desmantelando los «muebles de la cabeza». Si andaba mal, luego peor. Y me enfermo progresivamente el organismo. Hasta arrancarme por completo mi espíritu de lucha y secarme el corazón.
Me cambiaba el humor, podía estar tranquilo y sedado, pero de repente me ponía nervioso, eufórico, histérico, y ansioso. Te quería cargar el mundo a las trompadas. Pensaba que «no me comía ni la punta», que era «re gánster». Pero cuando se evaporaba el efecto rápidamente sabía que no era nada de eso.
Con la droga perdí mi eficiencia en la escuela, la facultad, y en el trabajo. Además de las sanas relaciones con mi familia y amigos. El nerviosismo, la paranoia, la ansiedad y la depresión me avanzaban tremendamente.
Con tanta locura es obvio que el corazón me «galopaba» a un ritmo antinatural. Me pudo provocar enfermedades cardiacas como infarto de miocardio, arritmia cardiaca, hipertensión arterial, taquicardia, ataques cardíacos, y otros problemas cardiovasculares.
Mi corazón dejaba de bombear parejo y le cambiaba la frecuencia. Y, lo que es también muy malo, son los baches del latido. Si la pausa es muy prolongada, te morís.
Con la apilación de consumo, padecí un debilitamiento del sistema inmune. Hoy, esto puede manifestarse con resfriados, tos, dolor de garganta, angina, fiebre, gripe, bronquitis, faringitis, o enfermedades de la piel.
Algunas drogas me daban ganas de comer toda una heladera entera en un solo rato. Otras no me dejaban comer ni una semilla de girasol. Me daba asco y arcadas la comida. Y todo eso no me hacía ningún favor.
Dinamitaba mi sistema respiratorio. Aumentaba mi frecuencia respiratoria. O tenía dificultades para respirar por boca o nariz. No me ingresaba el suficiente aire a los pulmones fácilmente. Si tenés la nariz sucia con merca, es obvio que te la hace pelota, hasta hay gente que se queda con el tabique muy deteriorado. Hasta se lo tienen que reconstruir con platino, porque te lo va «comiendo».
Desarrolle conductas antisociales. Hizo que deje de practicar actividades de las que disfrutába. Además de tener problemas en el trabajo por un rendimiento pobre, abandonaba o me despedían. Existe una estrecha relación entre trastorno antisocial y consumo. Podemos aislarnos de la familia o del trabajo para siempre. Sos un marginal y te caes del sistema mal. Llega un momento crítico en donde vivís por y para la droga. No en todos los casos, pero a la abrumadora mayoría de larga trayectoria les llega «el ocaso» tan temido…
Ya terminaba re duro, no podía hablar, los ojos inyectados, la mandíbula de acero, la nariz blanca, la garganta detonada, sucio de tantos días de caravana, y esperando que alguien te convide, que te venda algo, robar algo relajante, esconderme en algún lugar, conseguir alcohol para bajar, pastillas para dormir, ya estaba muerto en vida. Las drogas ya me había «secado el alma».
Ansiedad e insomnio. Es muy habitual que las personas que consumen drogas sufran ansiedad y alteraciones del sueño. Algunos reconocen que son incapaces de acostarse sin consumir alcohol, marihuana o ansiolíticos. Las drogas como el éxtasis o la cocaína pueden alterar la calidad del sueño, generando ansiedades nocturnas o pesadillas. No podés dormir y al otro día lejos estas de poder encarar el día. Y buscas una caja de zapatos llena de ansiolíticos para que se te apague «La Máquina de Picar Carne».
En vez de manejar la droga, la droga me manejaba. Me produjo terrible dependencia. Cada vez necesitas más. Llamaba al dealer a cualquier hora, «rastrillaba» la ciudad en busca de una bolsa. Y empezaba a mentir, robar. Era una jarra agujereada, jamás me sentía lleno, satisfecho y saciado. Necesitaba cada vez más pasar por ese efecto y a cada rato. Me «quedaba re manija». Termine siendo un esclavo de la droga. Por eso perdés lo más sagrado, que es la libertad.
El consumo de drogas es peligroso y puede causar daños irreparables para la salud. En algunos casos la sobredosis puede hacer pasar un mal rato, provocar náuseas, vómitos, dolor de cabeza, histeria, e incluso alucinaciones. Parece que vas a enloquecer. Pero también te puede agarrar una severa convulsión, accidente cerebro vascular, choque de auto, riñas callejeras… Y miles de accidentes laborales o de tránsito más.
Trata de buscar la vida generando cosas que te hagan sentir, que lo que haces, construye tu futuro soñado y le agrega valor a la gente. Que aflore su tu belleza interior y encuentres tu magia.
Si son adictos y necesitan ayuda, hablen y traten de recuperarse. Vayan a un consultorio, espacios de escucha, clínicas, también internación, mira que si no te recuperas… te queda la muerte lente y sin gloria. Como se dice en Narcóticos Anónimos: «Cárcel, hospital, o muerte». No es joda. Así pasan las cosas.
Vivir con drogas es como vivir en «El Infierno de Dante». Te cierras y te abandonas, a lo que te indica tu cabeza enferma que pide eso, una y otra vez. Le crees, lo vuelves a repetir, y así va a ser lo que resta de tu vivir. Como dicen en NA: «cárcel, hospital, o muerte».
Federico Muller

