
El concordiense Cristian Roldan presionó, atacó y doblegó a Jeremias Ulibarre durante seis rounds en el club Defensores de Nebel el 23 de enero por la categoría Gallo. Se enfrentó con el más experimentado y peligroso oponente de su carrera. Busco con el jab y constantemente le pego abajo. Lo fue debilitando con efectividad. Pero su rival soportó todo. La decisión mayoritaria, no dividida, ya que un juez dio empate, es desatinada. El concordiense ganó con justicia.
«Chucky» pegó, recibió poco, y lo fue desgastando y superando «vuelta a vuelta». No demoliendo. ¿Cómo hacerlo si «Jere» no se prendía? Estaba para sufrir y aguantar. Se nota que el concordiense entrenó fuerte y puso su cabeza enfocada de lleno en esto.

El puede pelear en superpluma, donde reina Fernando «El Puma» Martínez, o quedarse en Gallo, donde manda Ángel «El Diablo» Arancibia. A nivel nacional. Más arriba, las manos son más pesadas y los rivales aguantan más. Y más abajo creo que no da, a menos que se «vuele una gamba».
Ulibarre estuvo demasiado preocupado por el poder de fuego del local, corriendo, rotando en círculos y brindando poco por el espectáculo. Pego derechas considerables, pero muy «de tanto en tanto». Guardia cerrada, conservadora y en retroceso permanente. Sin ganas de ir a intercambiar. No quería tomar riesgos. Así es muy difícil generar drama.

La pelea no fue dramática ni muy divertida para los fanáticos justamente por eso. Porque en el boxeo, al igual que para bailar un tango, se necesitan dos personas dispuestas a hacerlo. Acá hubo, como pronosticamos, un toro y un torero. Claramente. Casi que la visualizamos a la refriega. Pasaron muchas peleas por estas retinas…
Roldan lo acorralaba, le cerraba el ring, llegaba con derechas a fondo, pero el visitante se escapaba.
En el tercero, «Uli» se cae, un poco manoteado, otro poco por un golpe, también cansado. En el cuarto tuvo chispazos en ataque, pero ya volvió a hacer tiempo.

Roldán mantuvo el control salvo en el quinto, donde recibió unas cuantas derechas que machacaron su pómulo. Por acumulación se le fue llenando de raspones la cara. Fue el único segmento que la Ley del Boxeo le dio al rival. Visitante resignado a perder por puntos en las tarjetas. Con eso ya estaba del otro lado.
En el último Cristian, siguió jabeando arriba y abajo, izquierda en cross, y mucho chirlo a la zona hepática. La blanda, para sacarlo, pero el de Tres Arroyos no se iba a ir a ningún lado. ¡Se nota que trabajó y mucho la zona media!

Cuando quedaban cuerpo a cuerpo, para darse masa a ver quién caía, Jeremías «tocaba la banda» y se distanciaba, y rehusaba la guerra. Conectaba y molestaba con largos brazos, pero eran golpes para sobrevivir. No mucho más que eso. El desarrollo se copiaba a sí mismo, campanazo a campanazo.
Todo lo que quedaba por ver era si «Chuky» noqueaba a un desmoralizado y avaro Ulibarre. No pudo, pero quedó la satisfacción por volver y ganar ante su gente. Le faltó «la frutilla del postre», que era mandarlo al «país de los sueños».

Mi amigo el boxeador-corredor aguantó todo; su mandíbula sigue vigente, la parrilla también. Cuando se le complicó, «la durmió», «pinchó el match». Lo puso en la nevera.
En el boxeo yo siempre, ante la duda, le doy el round al que va a buscar, al que propone, al que se brinda, y ese fue Cristian «El Chucky» Roldan. Que afortunadamente se puso a entrenar fuerte, se afinó, compitió, ganó, y ahora el de Villa Jardín es un nuevo y serio jugador en la división.
Foto: Despertar Entrerriano
Texto: La Ley del Boxeo

