LAS PREVIAS Y FIESTAS EN EL COLEGIO

El colegio es único, hermoso e irrepetible. El aula, las fiestas, las carrozas, previas, clases, las tareas, recreos, los viajes de estudio, etc. Lleno de desafíos y aprendizajes.
Pero no es eterno. Por eso es recomendable sentirlo, vivirlo realmente, honestamente, y no intoxicados ni alcoholizados ni drogados ni un día. Sería una picardía… Se los digo y me lo digo…
Si tuviera que hablarle a «El Lobo» Muller de los catorce/quince años que iba a previas y cumples, le diría que baile, hable, disfrute la música, los amigos y amores sin estar anestesiado y «calmado» con tabaco, y «alegre» por el alcohol: «Si tenías vergüenza, miedo, inseguridad, nerviosismo por hablar, o bailar, o decirle algo íntimo a alguien, hazlo sin inyectarte estimulantes en el cuerpo. Esas emociones están para ser sentidas, vividas, no tapadas ni aplastadas. Aparte, no sos vos, te disocias, no estás conectado con la realidad, después no hacés nada, no te acordás de nada y perdiste la oportunidad de vivir una noche mágica que pudo ser inolvidable, eterna».

Estar «colocado» te quita expresividad emocional, entusiasmo, frescura, y no te muestra tal cual sos. Yo me quedaba afuera de la pista en el fumódromo, envuelto en una nube de humo, haciendo chistes de borracho y gallegos con otros como yo. Hasta que me «adobaba» y recién agarraba valor para danzar y tirar pasos.
Salgan así; enseguida se les va a diluir. Nos hacemos la cabeza un rato nomás; todos tenemos miedo. No por eso nos vamos a estar chupando, picando ,o inhalando. Miedo y deseo son dos caras de una misma moneda.
La trampa es que casi siempre terminaba solo, borracho y nadie hablaba del dolor de cabeza, de garganta, de ojos, en la frente, hígado, el cuerpo entumecido… olor por todos lados… boca y piel… Desagradable para mí, imaginen para mi madre, que debía lavar. Parecía que tenía un cenicero en la boca, y destilaba alcohol por los poros.
En las fiestas de los 25 años volví a la secundaria, pero ya recuperado de mis adicciones y con 42 años. Qué manera de que se me caiga mi vida en la cabeza. De equipos, de carrozas, de reinas, de mejores compañeros, de viajes, galpones, fiestas, recreos. Amores, amoríos, conocidos, rivales, de todo… Todo es tan fugaz. Es impresionante «qué tan de paso estás».
Nos bailamos todo. La pasé bomba, pero diferente, de manera sana. Y yo, que le daba una tremenda connotación a las drogas y el alcohol, pude disfrutar conscientemente de todo lo que estaba sucediendo. Con todos los sentidos sanos y prendidos. Antes, si no había alcohol, ni pisaba las fiestas.
La conclusión es que cuando andamos copeteados, no estamos disfrutando sanamente y de manera real. Miedo a sentir las cosas en el momento. Por eso yo me escapaba de todas esas emociones que me estaban esperando con los tragos y la falopa.

Cuesta estar en contacto con lo que nos está sucediendo. Es difícil, pero hay que intentarlo, el aquí y ahora. Díganle lo que sienten a sus compañeros, novios, novias, mamá, papá, compañeros; bailen, canten, pero no se escondan ni se refugien en las drogas por miedo a esos temblores. Sentir todo eso, no nos va a matar. Las drogas y el alcohol, quizás sí.
En fiestas de quince, de estudiantes, carrozas, rayadas, en la calle. Si había una chica que me atraía, mi corazón se movía. Pero elegía cerrarme, no decirle nada o decirle poco, y beber mucho. Le regalé mi amor al alcohol, que luego fue mi enfermedad.

Es para llorar y mucho por emborracharse o fumarse y no poder disfrutar sin estimulantes. Ni sentir ni poder expresar los sentimientos y emociones de esos momentos. Salgan, pero sanamente. Quieranse y ámense. Hay que encontrarle la magia a la vida. La vida es terriblemente fugaz.
Como dice una canción vieja: «Como un amor de primavera, que anda dando vueltas…». Vivan despiertos y de verdad. ¡Que lo mejor que tenemos es la libertad!
Federico Müller
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