FEDERICO "LOBO" MULLER

«VIDA Y OBRA» DE LISANDRO «PELUSA» ARAYA EN «ESTADO PURO»

A la gente le gusta cómo habla; cuando hicimos programas juntos, demostró una memoria y creatividad tremendas. Su discurso verbal, estética, ropa, lenguaje corporal y su humor son pintorescos y atractivos. Lee mucho y ofrece interpretaciones interesantes. Se nota que es curioso y le gusta aprender.

Es un personaje productivo, popular y querido. La gente lo escucha mucho y lo sigue desde hace años. Es gracioso, picante y amoroso. Hizo teatro, radio, locución de boxeo, militó en política, pero acá todo el mundo lo asocia con la voz del carnaval.

Se ha convertido más en una leyenda que en un hombre. Hace lo que siempre ha hecho: su programa El Circo de la vida durante el año, Buscados en Carnaval en verano; atravesando ya varias generaciones, y son éxitos. Y anima la gran fiesta cuando no lo dejan afuera con una pasión volcánica que jamás se estanca. Aunque la Municipalidad no lo contrate, sigue trabajando igual, porque el carnaval es su identidad.

El encarna los rasgos típicos de los ídolos populares. Barrio, familia, amigos, deportes, noche, carisma, códigos y amores. Le damos la bienvenida al hombre dueño de un DNI que dice Carlos Lisandro Araya, pero que toda la Concordia carnavalera lo conoce como «El Pelusa» Araya:

«Muchas gracias, Fede, por invitarme. ¿Cómo nace Pelusa Araya, animador? Y bueno, me gustaba de chico. Yo ensayaba solo en mi casa, agarraba un libro cuando era más chico y practicaba; me acuerdo de que con mi tío escuchaba de noche Argentinísima, programa de folklore, y después él tenía un libro que era el Martín Fierro. Entonces lo agarraba, lo leía, y como que me hacía la música.»

«Siempre me gustaba animar y escuchaba mucha radio también. Y cuando arranqué para el carnaval, mi hermano más chico, y un amigo de él que vivían en mi casa, me veían ensayando solo en el baño, porque me ponía un cepillo de dientes o el peine, agarraba y frente al espejo y empezaba: «Señoras y señores, esta noche se presenta para todos ustedes la comparsa número uno: se viene, se viene, se viene», y decían: «Este está re loco».

«Me acuerdo de que en el 2000, cuando yo aparecí, la última noche me rompí las cuerdas vocales, porque gritaba tanto que me produjo una lesión en la cuerda vocal derecha, que inclusive los médicos pensaban que no iba a recuperarme. Y fíjate, mi carrera comenzó ahí. Cuando yo comencé, me desgarré, como quien dice.»

«Tuve tres noches muy buenas y la cuarta, que era la mejor en la que cerraba, justo había ido Tele 5, porque en el Carnaval primero, la gente siempre acompañó, pero no acompañaban los medios, la sociedad, todo eso. Era como que íbamos a un carnaval de los «negritos» y de los «gays».

«Esa última noche, cuando vi la televisión y todo, estaba enloquecido, más quería el circo, y entré, empecé a gritar. Cuando pegué el primer grito de Arlequín, sentí un dolor acá como que me pinchó. Y al rato ya no podía.»
«Me acuerdo que había tres presentadores: estaba Noguera, «El Mono» Cáceres y el «Rafa» Tomasi, que era un pibe. Eran tres los que estaban y yo aparte con la particularidad de que no quería estar ahí con ellos, quería salir a la gente; ir como el toro va al rodeo. Y bueno, ahí, cuando siento que me pasa eso, me abren la boca y me meten un vaso de whisky. Era en la calle Carriego en el año 2000.»

«La reina, Jaqueline Benítez, de Arlequín en ese momento, me miraba, esperando que la presentara, pero no podía. Estaba mudo. Le hacía señas. Ganamos. Fue el primer campeonato de Arlequín, pero yo no pude festejar.»

«Estuve en silencio toda la semana; me vio el doctor Carlitos Gómez, el otorrinolaringólogo. Ni siquiera me podían abrir la boca con el equipamiento para observar, porque tenía todo inflamado, hinchado. Eso fue porque no tenía técnica vocal; entré a gritar y a gritar. Lo mío era pura pasión».

«Toda esa semana estuve con inyecciones, arroz blanco, agua y no podía hablar con nadie. Era pasión, pasión, lo único que quería era poder estar bien para salir la otra semana. Estuve, pero en la mitad empecé a sentir eso de nuevo, hasta que hice un tratamiento con una fonoaudióloga; si no, me iban a operar. Le tengo que agradecer a Mirim Torres Matos que me ayudó mucho. Cuando iba ella al carnaval, le pedía que me mirara, observara. Ella decía: «Estuviste bien, respiraste correctamente. Colocaste bien la voz… Yo quería hacer bien mi trabajo. Veinticinco años después seguí vigente, me cuidé».

«Antes de la función o animación, medito. Lo aprendí en un curso Zen con un amigo. Me hace muy bien. Trato de dominar mi ansiedad y buscar la plenitud. Pero una vez que estoy ahí, me siento «como pez en el agua». Si tengo algún dolor, ahí se me va todo. Me baño tipo 20 horas, me acuesto, trato de que mi mente quede en blanco, e intento que toda la energía que hay en el universo entre en mi cuerpo, para poder estar muy bien en la noche».

«Cuando me pongo la ropa y me voy al corsódromo; me transformo. Me cuesta quizás una fiesta de 30 o 50 personas. El teatro me ayudó mucho; me abrió la cabeza. Aunque acá tengo que trabajar en dos frentes, el teatro casi siempre es con uno solo. Porque el teatro también se trata de interpretar un personaje y ponerle el sentimiento».

«Y también siempre le digo a la gente que lea, que hay que leer, de todo, lo que a vos te guste, si querés deporte, de moda, vos empezá a leer lo que quieras; después, solo podés ir abarcando otros campos».

«Soy de Concordia, de Las Heras y Alvear. Frente a la fábrica Terrabusi. Fui a la escuela primaria número 42 Belgrano y a la secundaria técnica número 1. A la mañana, hasta que me mandaron a la noche porque me mandé «un moco». Tiempo de «El Yacaré Montiel», de la dictadura. Nosotros ni sabíamos todo lo que estaba pasando igual.»

«Barrio La Cantera, pero cuando tenía 15 años, mi abuela hizo una casa en Teniente Ibáñez y Tavella. Mi abuela se llamaba Rosalía, y todos le decíamos «Mama Rosa». Y mis tías Teresa, Rafael, Marta y Mary. Yo me crié más con Teresa y Rafaela, la esposa de mi tío Julio, hoy fallecida».

«Marta vivía en Corrientes y hubo un tiempo que vivía con ella. Y con Mary, que vivía al costado del cementerio. Vivía en el barrio 6 de Febrero. Mi tía a las 5 de la tarde me preparaba el mate cocido con una galleta de campo».
«Con mi abuela viajábamos a Uruguayana y Paraguay a comprar cosas para bagatear. Yo salía a vender en la calle; y con eso fui de viaje de estudio. Me colaba en los trenes y también me le escapaba al control de Uruguaiana, la aduana. Jajajaja».

«Te digo, mi abuela, para que vos y la gente entiendan, pero ella fue mi mamá, la que nos crió a mí, a mis hermanos y a mis primos. Nosotros, entre primos y hermanos, nos queríamos todos juntos; mi abuela fue el templo; fue Dios».

«Aprendí un montón de ella, del hecho de compartir, el hecho de que el pan se comparte, aunque sea uno y seamos tres, un pedacito para cada uno. Nunca negarle a nadie un lugar para estar. En mi casa todos los días había gente que no era de la familia, que iba a comer. Ahí en el barrio Universidad».

«Me costó un montón ir para el otro barrio porque yo estaba todo el día allá, pero en la noche me venía para calle Las Heras. No me podía hallar a lo primero, cuando fuimos, no había ni agua ni luz. Nos alumbrábamos con lámparas y, si tenías suerte, con el sol de noche.»
«Agua no había, iba un carrero, y tenías un tacho de 200 litros, lo pintabas con antioxidante y lo cargabas. Para tomar, lavar, cocinar, para todo. Pero igual, yo ahí fui muy feliz».

«En la Cantera el ídolo era el boxeador «El Pato» Rojas, y en la Universidad «El Gringo» Jaurena. Yo entrené ahí en lo de Nicolás Camino. Y jugábamos a fútbol en el club Independiente».

«También jugué al básquet en Capuchino cuando era más chico. En realidad, yo iba más para jugar a la pelota porque antes de practicar había unos arquitos. Nosotros llevábamos una pelota y jugábamos con mi primo. A mí no me gustaba mucho el básquet. Yo iba más por el fútbol, pero era vago para entrenar; me gustaba andar en la calle».

«A mí me crió mi abuela y cuatro tías. Como era el primer nieto, tenían la orden de cuidarme a mí. A mi mamá no la veía. Antes de que fallezca, el año pasado, le pregunté cómo fue lo mío. ¿Por qué no me criaste vos? Ya se me había pasado el rencor. Ella dijo que mis tías me robaron del hospital. ¡Mira vos! ¡Ya de chiquito me robaban! Ella tuvo tres hijos, de diferentes padres, todos criados por mi abuela, que era un sol.»

«La veía muy de vez en cuando; nunca le pude decir ‘mamá’. Cuando ella cumplió 72, fue la primera vez que pude compartir un cumpleaños con ella. Le llevé una torta y pasamos juntos. Siempre le dije Marta. Me acuerdo de que a veces me preparaba para decirle «mamá», pero cuando venía, no le podía decir la palabra; quedaba trancado, no me salía de adentro, nunca le pude decir, salvo un día antes de que ella falleciera. Ese día fui a verla, muy complicada con las caderas, y le pedí a Dios que la llevara. El otro día falleció».

«Cuando tuve neumonía, me cuidó; cuando me operaron de la muñeca, me vino a ver. Pero se ve que lo de chico, toda su ausencia me marcó. Nunca le pude decir «te quiero» o «te amo».

«Mi papá, bueno, lo conocí a los 11 años en un barrio duro allá en Buenos Aires, en el Talar de Pacheco, en ese tiempo también igual había mucha gente laburante. Me llevaron a conocerlo. Para mí también fue otro mundo porque donde vivían ellos, era como una villa».

«Después lo iba a ver en Paraná, la primera vez que fui, como un mes y medio en vacaciones, y cuando tenía que empezar la escuela, me vine y me largué a llorar porque no me quería venir. Claro, me había acostumbrado. Aparte, eran muchos chicos, de mi edad, un poquito más grandes, y chicas también. ¿Viste? Que a la noche ya nos juntábamos en la esquina, alguna noviecita, mira aquella cómo te mira y todo eso.»
«Conozco a mi amigo Claudio, con quien nos fuimos a dedo como dos años con él, y dejé un tiempo. Anduvo «a dedo» con un amigo, de mochilero, Claudio hoy es científico, vive en Rusia. Pelu anduvo en la calle días sin comer. Vendía cosas de oro; con eso se compró una guitarra Antigua Casa Núñez; quería ser cantor. Pero nunca tuvo oído porque es disléxico «El Pelu». Por eso nadie explica cómo pudo bailar árabe o flamenco. Aprendió más por repetición y de cabezón que por oído.

«Volví e hice cuarto y quinto en el Colegio Nacional Alejandro Carbo. Terminé ahí. Me casé cuando terminé la secundaria. Con la hermana de «El Pacha» Alali, quién era mi compañera en la escuela; entró en quinto de Nacional con nosotros. Nos pusimos de novios y tengo dos hijas mayores con ella. La mayor es nutricionista y la menor trabajaba en Iosper, hasta que este gobierno vino y la echó. Ni una falta tenía».
«Después, tengo dos hijos más: una de 20 que está estudiando psicología y uno de catorce. El único hijo varón. Entre ellos son todos hermanos. Yo les inculqué eso. Y las madres se llevan muy bien».
«Un día llevo a mi hija a aprender a bailar árabe y la acompaño a una presentacion en Puerto Yerua, con Arlequín. Había un presentador con una voz muy linda, muy gruesa. Y yo les digo a los padres: «Yo lo hago re bien, le puedo hacer algo mejor que ese». Siempre lo que sentía era el carnaval, ¿no? Tenía claro que tenía buena voz; el tipo no era malo, sino que yo subí y le dije a Claudia, la directora: «Yo quiero presentarlos, ¿votan además?» «Sí, sí», me dijo. Bueno, subí y dije: «Buenas noches, nadie se dio vuelta, se dieron vuelta los míos nomás porque no había nadie más, jajaja.»
Ahí nació su locución, y a presentar a Arlequín, hasta que después llegó al carnaval como conductor oficial, Arlequín producía algo que era muy difícil de hacer, las otras comparsas que competían, por ejemplo… Si Arlequín desfilaba último, todas esas comparsas hacían cordón para Arlequín. Hasta que empezó a crecer y ya era el rival. Luego ya no había tanta fotito como antes. Antes eras «buenito» porque no nos ganabas; ahora que me empezaste a ganar, ¿o sos candidato? La foto, medio de lejos, y si no se la sacaban, mejor.
«Si vos hacés un relato emotivo, querés que el otro se emocione. Si vos vas a animar bien arriba, querés que el otro salte, cante, baile, lo que sea. Y si lográs eso, quiere decir que vos estás cumpliendo tu función»
«Cuando estoy en la manga, saludo a todos como si estuviera en casa. No me importa si hay 15.000 personas o si está la televisión del mundo; yo hablo con mi gente, con mis vecinos. Eso es lo que me hace feliz y me conecta con este lugar.»

«Siempre volví gracias a la gente, a ese apoyo incondicional que siempre me brindaron. Las redes sociales explotaron cuando anuncié que volvía en 2025, y no me imaginaba que el impacto sería tan grande. También de apoyo, solidaridad y tristeza de todos, cuando se enteraron de que el verano pasado habían decidido por otros y yo lamentablemente no pude estar. El Ente de Carnaval me mintió y por política me dejó afuera, ni me dio la posibilidad de hacer un streaming o algo».

«Yo tengo tres modelos de tipo que admiro, pero no tienen nada que ver con lo que hago yo ni nada, ni el talento. Bueno, acá lo admiraba un montón al «Huevo» Bradanini porque era muy versátil, por ejemplo, estaba transmitiendo la carrera de la Fórmula 1, y a la semana, por ejemplo, estaba con la Fiesta Nacional de la Citricultura; a la otra semana transmitía el fútbol, después ciclismo, Correo del Campo, tal vez el noticiero, Radio Gaceta Deportiva, que estaba con Angelito Cardoso. Él, en LT 15, marcó una época importante para muchos de nosotros, porque también era lo que más se escuchaba».

«A nivel nacional, Jorge Guinzburg, un genio. Ese era insuperable para mí. El humor, las ocurrencias, sus entrevistas…, a Juan Alberto Badía, me acuerdo cuando Badía estaba por morirse, que le entregaron un premio; él dijo: «Yo siempre quise tener… (qué es lo que yo quiero también)... Yo siempre luché en los medios para llegar un día y que me entreguen un premio por esto»… dijo… «A la trayectoria»… «Yo quería tener trayectoria.» Y no tenía nada que ver su estilo conmigo, porque él era un señor locutor, lo admiraba».

«Y Víctor Hugo Morales me encanta. Primero me gustaba como relator de fútbol, tipo que le pegó una «vuelta de tuerca» a las transmisiones, y después puede estar relatando el partido que sea con muchas metáforas, y rapidez, y de repente te dice: «En estos momentos, el bailarín argentino, Julio Boca, está bailando en Moscú, presentando la ópera del Cisne Negro, o una obra de teatro, o un libro. El tipo tiene una capacidad y gran cultura general».
«Yo trato de ser lo más profesional posible. A mí me ha tocado presentar a mi hija siendo figura y si tu hijo fuera figura, lo tendría que presentar de la misma forma. Porque yo no tengo por qué, aunque sea mi hija, hacer una diferencia. Ante todo, soy un profesional y más en los sentimientos, como es el carnaval, que es la gran pasión, que está encendida todo el tiempo».
«Yo siempre les dije a todos: «Yo soy un Arlequín.» Y me voy a ir del carnaval siendo un arlequín. Y le agradezco al carnaval porque, a todos los lugares a los que llegué fue por Arlequín».

«Fíjate que a mí cuando me llevaron a trabajar en la pelea del título del mundo en el Sheraton, me lo dieron por el carnaval. Y la verdad es que para mí fue sorprendente y fíjate vos que yo me di el lujo, que para mí era impensado, porque es como que salga de acá y vengan y te digan: «Che, «Lobo», mira que hoy vas a estar en el programa tal, top de boxeo hoy, en Boxeo de Primera, o ESPN KO, y el que conduce sos vos, no lo podía creer».

«Un día terminó el carnaval y me llamaron de una productora. Le pregunto qué le pareció el carnaval y me dicen que me llaman para la locución del título mundial de boxeo. Les gustó cómo trabajé. Le dije que el boxeo para mí es más fácil aún. ¿En serio me dicen?: «Sí» (empieza a anunciar): «En la última pelea de la noche se enfrentan a 10 rounds de 3 por 1 en el Rincón Rojo. Con un peso de 63 kg 500, 6 3 500, de Olavarría, provincia de Buenos Aires, Federico «El Lobo» Müller. Estaba Osvaldo Rivero, el promotor».

«Y Rivero le dijo: Este la tiene clara, ya hacele el contrato. Bueno, hice dos peleas. Rivero ya me había pagado; viene el productor y me dice: «Lo tuyo». Le dije que ya recibí el pago (capaz me estaban probando). Sí, pero te quiere pagar el doble; le encantó lo tuyo. «¿Te costó?» No, a mí no me cuesta nada. Es más fácil todavía. Vos tenés que mirar a la tribuna, luego a una cámara,  a otra, me dijeron: «no te equivoques, que salimos en 140 países.»

«Me dijeron que me tenía que ir a Buenos Aires a trabajar con ellos. Te vamos a pagar muy bien. Vas a hacer un curso de inglés. Así pronuncias palabras y frases claves de presentador. Diferentes normas de la Asociación Mundial de Boxeo, a diferencia del Consejo, etc. Cosas así».

«Les dije que no, que no me gustaba vivir en Buenos Aires, en departamentos y subtes. Voy a ver a mi hija unos días y ya me quiero volver. A mí me gusta acá, el barrio nomás. Le dije que acá estaba el «Mota», que es un crack en lo que hace, que anda muy bien, a quien le mando un saludo. Pero dijeron: «Nosotros te queremos a vos, queremos una cara nueva.»


«A mí del carnaval me sacaron por política y para mí son unos mentirosos seriales. Así. Porque yo, en el primer año, que me dejaron afuera, siempre inventaban que yo era caro y todo eso. Es todo un verso. Si vos vieras los números que se manejan en el carnaval, yo cobraba una migaja.»
«Lo que pasa es que hay mucha soberbia, no me sorprende igual a mí porque siempre han sido igual en ese sentido, pero sí, nunca pensé que iban a ser tan mentirosos porque yo ese año que estuve, cuando iba a llegar la última noche, le dije: «Mira que yo me voy a ir, quiero pedirle a la última comparsa, que es Emperatriz, que me dé unos minutitos para despedirme de la gente», y el mismo director que está hoy, que es Sánchez, me pidió que no me vaya».

«Y bueno, la cuestión es que este año, cuando me llamaron, me dijeron de la plata, me bajé el precio, al único al que le bajaban era a mí. «No, pero este año no podemos, ¿viste?» Pero sabía que igual no me iban a contratar, porque ellos ya lo tenían decidido. No me querían, nunca me quisieron. Esa es la realidad. Por política, parece que no podes pensar distinto. ¿Por qué sigo por mi cuenta trabajando por el carnaval acá?. Podrán cortar las flores, pero no matar la primavera…»

«Podrían haber dicho: «Che, vamos a darle de baja al pelotudo Araya. Está bien. Pero aparte, yo me quise despedir. Igual a mí me dolió que el tipo me hubiera mentido nada más. «No vas a estar porque tiene que haber un recambio también, ¿entendés? Yo considero que tiene que haber un recambio, no hay problema. Si vos me decís, «Pelu», el año que viene no vas a estar porque queremos probar al «Lobo», okey, probálo. O darme el streaming, o trabajamos los dos, o algo, pero nada. Todo «mala leche».

El que dirige, Sánchez, que no lo conozco, ya que es un ignoto, tiene que poner al mejor, al que más emocione, al que más sensibilice, al que más haga bailar a la gente, y al que más puesta la camiseta del carnaval tenga. Y ese es Pelusa Araya. Estos chicos que llegaron a la Muni rompiendo todo, hasta lo que estaba bien, no saben dónde están parados.

«De chico me acuerdo, yo cuando jugaba en la cantera, que tenía como 13 o 14 años, me volvía rápido para mi casa, me bañaba, me aprontaba el mate con una pava, y me ponía así en un pasillito en mi casa en calle Las Heras y Alvear y leía un libro de Jorge Amado que escribió Doña Flor y sus dos maridos; en ese momento estaba leyendo un libro llamado Gabriela, clavo y canela, hay en una película. Y yo leía y me enamoraba de la chica, ¿viste?»
«Porque tenía una forma de describir, Jorge Amado, que parecía que estabas sintiendo hasta los olores de clavo y la canela de Gabriela, y no leía todo el libro para que no se me terminara. Porque después es como que me cuesta que me digan: «Ahí está este libro.» Y yo digo, «¿Será que me va a gustar?», porque me queda tanto de eso grabado. Es como cuando leí «Cien años de soledad». No me lo olvidé más (recita famosos tramos de la obra de García Márquez)».


«Después leía los poemas de Machado. Uno de los que más me gustan: La casada infiel. Y también mi poema preferido se llama Desiderata: «Camina plácidamente entre el ruido y la prisa. Y recuerda que paz puede haber en el silencio. Vive en buenos términos con todas las personas. Y tú, anuncia tu verdad de una manera serena y clara. Y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante. Si te comparas con otros, puedes volverte vanidoso y amargo, porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.»

¿De una mujer? ¿Este?: «Si alguna vez te miro a los ojos y adviertes que una vena de amor reconoces en los míos, no pienses que deliro. Piensa simplemente que puedes contar conmigo».

A mí dámelo a este. Él sigue firme aunque lo hayan bajado del gran circo. Le pone onda todo el año. Y mucha. Porque eso es lo que haces cuando sos «El Pelusa» Araya: simplemente sales ahí afuera y sigues conduciendo y animando. Después de todo, eso es una de las cosas para las que vino a este mundo.

El mundo cambia, se tambalea, vacila, implosiona, sangra, pero él sigue dándole vida y alegría al carnaval. Sigue animando, sigue siendo él mismo, micrófono en mano, actuando, riendo y bailando. Aunque se le desgarre la garganta. Ya que es su identidad y una labia legendaria.

Cuando esté viejo y marchito, podré decir que vi, lo conocí y lo escuché a «Pelusa» Araya. Y que le hice una entrevista a su «vida y obra». Vos también podés verlo y escucharlo en 4K Producciones. No está lejos. Nunca lo está. Y nunca realmente lo estará.

Federico Müller

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