

«Hola Fede, ¿cómo estás?, tanto tiempo. Bien y vos. Yo me crie en Hipolito Yrigoyen 273, entre Parana y Uruguay, y éramos cinco hermanos. Mi mamá es Zboron, trabajaba en el negocio familiar de repuestos, y mi papá abogado. Fui a la Almafuerte como vos, y a la secundaria a la Comercio. De chiquita, con siete años, comencé en natación, era la mascota del equipo, solo había chicos, todos más grandes que yo. Me inicié en el Polideportivo de Concordia con el Profesor Alfredo Cevey porque mi hermana mayor, Carolina, también nadaba. Así que empezamos con los entrenamientos de mañana muy temprano, antes de ir a la colonia, que también era en el mismo lugar».
«Luego empezamos en la del club Regatas en el invierno, estuve un tiempo con «El Ruly» y posteriormente empezó el «El Pollo». Alfredo ya se había ido a vivir a Rosario y ya no me pudo dar más».
«Después de muchos años en la natación, a los 15 años, decidí empezar a correr con una amiga, «Caro» Martínez, y seguí haciendo actividad física. Nadaba un poco menos, hacía pedestrismo, danza clásica y jazz en Orange Jazz, con Teresita Miñones. Terminé el profesorado… y salía a bailar. Disfrutaba de otras cosas propias de la edad. Pero siempre algo hacía».
«A fines de los 80 se hacían en Concordia los Pentatlones, Pentalgos, y Pentapostas. Y, como yo nadaba bien, me invitaron a correr. Y salía adelante, con los hombres. Es ahí donde tomo contacto con las pruebas combinadas y ese mundo desde adentro».
«Con diecisiete años, en el año 1990, se organizó en Concordia un triatlón y, como ya nadaba fuerte y corría, varios me incentivaron a probar; solo me faltaba la bici… Y ahí aparece en escena Antonio Bordagaray (ciclista antiguo de Concordia), que me ayudó muchísimos años en el ciclismo; me entrenaba él, me enseñaba a cambiar la cámara, la cubierta, me tomaba los tiempos… Él veía que podía mejorar y andar».
«Nadamos en el lago, pedaleamos hasta la Plaza Rural y corrimos por la ciudad hasta llegar a la plaza principal. Y logré el lugar más alto del podio con una importante diferencia con las demás competidoras. Dije «epa, este puede ser mi deporte», me «picó el bichito».
«Y a partir de ahí seguí haciendo triatlón y nunca más dejé. Salvo por una seria lesión en mi rodilla, en mi embarazo y cuando crie a mi hijo Philippe de chico. Cuando comencé a competir, nunca pensaba que iría a llegar a Pro ni nada de eso. En la medida en que fui avanzando en mi carrera deportiva, mientras estudiaba y trabajaba como profesora de natación, únicamente quería mejorar y tratar de ganar».
«Paralelamente al triatlón, estudié profesorado en Educación Física en La Plata, donde conocí a mi marido Ezequiel Morales. Entonces alternaba mis horas de entrenamiento con el estudio, y ya hice algunos trabajos. Siempre, sin ser «Nerd», fui muy aplicada».
«Después de un par de años, y cuando en las competencias pasaron a premiar con dinero, ahí fue que en mi cabeza pasó la idea de tornarme profesional en el triatlón. A los 24 años me profesionalicé y pude entrenar mejor. Nos premiaban de acuerdo al rendimiento, entonces tenías que estar lo más adelante posible».
«Entre el año 1997 al 2011 competí como atleta profesional de triatlón y conquisté varios logros. Unas cuantas veces campeona entrerriana de triatlón y campeona argentina del Circuito Nacional de Triatlón 2001. Y tuve, inolvidables para mí, participaciones en Campeonatos Sudamericanos y Panamericanos».
«Estuve en los Juegos Sudamericanos de Salinas, Ecuador 1998, y en Río de Janeiro, Brasil 2002. Además, de los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 y de Santo Domingo 2003. Winnipeg fue una experiencia fantástica; se movió todo dentro de una universidad, era una villa olímpica. Representar al país y escuchar el himno, es como que se te «infla el corazón», es muy emocionante. Es un momento radiante».
«En el 98 «Eze» se hace elite. Pero tenía una natación deficiente porque arrancó de grande, en el instituto. Él me entrenaba y yo lo ayudaba mucho en el agua. Era muy dedicado, tenía una disciplina impresionante. Yo soy más libre en ese sentido. Si estaba cansada, respetaba y descansaba. Él iba igual; eso lo llevó a crecer mucho en el triatlón».
«Para el año 2001 estaba madura, con creo 27 años, entrenando mucho mejor, y es ahí cuando gano La Paz, y Ezequiel también. Es curioso, ¿no?, que una pareja gane en La Paz y en el mismo año, ja, ja, ja. El ganó dos veces ahí. Ese año nos agarró el corralito (el Estado le robó plata a los laburantes), y todo se complicó bastante».
«El corría en 31 los 10 kilómetros; nadie corría como él. En Hawái tuvo la tercera mejor maratón del mundo. Corrió a 4 los 42. Era impresionante, pero salía atrás del agua, y tenía que ir a buscar en la bici. Con el tiempo fue mejorando porque le metía».
«En el 2002 y 2003 intenté la clasificación para Atenas 2004, pero no se dieron las cosas, era muy difícil. Había que viajar lejos para sumar puntos olímpicos, tener dinero, mucho apoyo, andar bien, no se dio… Fue Nancy Álvarez, que corrió este finde el corto de La Paz. Fue la gran asignatura pendiente».
«Eran tiempos muy determinantes, había que decidir si seguir en el país o irnos al exterior para poder estar mejor. Íbamos a ir a España… pero la plata nos alcanzó para Niteroi, ja, ja, ja. En Brasil había buen apoyo a los triatletas. Es una potencia y muy popular».
«Con Ezequiel vinimos a Río de Janeiro a competir en los Juegos Odesur en el año 2002, y como quince días después se realizaría el campeonato Panamericano de Triatlón en el mismo lugar, hicimos contactos y nos quedamos esos días entrenando en Niterói (a 20 kilómetros de «La Ciudad Maravillosa»).
«A partir de ahí mantuvimos conversaciones con Carlos Eugenio, un entrenador de Niterói, y gracias a eso volvimos a seguir entrenando y compitiendo durante 2003. Ya en el año 2004 pudimos radicarnos, y comenzar a plantar nuestras semillas».
«A partir del año 2006 comencé a dedicarme a pruebas más largas como el Medio Iron Man y así pude volver a participar en Argentina, en el Half Ironman de Concordia, siendo tres veces ganadora».
«En el año 2008 debuté en el Ironman Brasil, terminando 7.ª en la categoría Profesional, y luego participé en 7 Ironman más. Y clasifiqué para el Campeonato Mundial de Ironman en Kona, Hawái. Esas dos junto con Ezequiel, los dos, fue muy bueno».
«También hice triatlón X-Terra (con bicicleta de Mountain bike y corrida cross), conquistando el 1.er puesto en el X-Terra Etapa Mundial Costa Verde, Angra dos Reis. Entre otras pruebas de aventuras en equipo, conquistando el 1.er puesto en el Adventure Camp en el año 2010, ganamos un Suzuki Jimy entre los cuatro atletas, ja, ja, ja. Asombroso».
«En el año 2012 con Ezequiel decidimos encargar nuestro niño y así, después de que Ezequiel ganara el Iron Man Brasil, quedé embarazada y así comenzó mi nueva disciplina: la de engendrar un pequeñito y ser madre».
«Ser mamá cambia mucho; ahora no tengo tanto mi tiempo, sino el tiempo de acuerdo a las necesidades, pedidos y tareas de tu niño. Una vez que nació Philipe y cuando él llegó, a los 9 meses cambié mi bici contrarreloj por la bici de paseo para llevar a Philipe en la sillita y mi perrito Román en el canastito».
«El sábado debutó, con once años, en el triatlón de La Paz, estaba muy contento, y yo, re nerviosa, mientras nadaba, rezaba. Y luego me daba una ternura verlo corriendo y disfrutando; fue un momento hermoso para mí como mamá. La protección de la mamá que no quiere que su hijo sufra tanto, ja, ja, ja. Cuando me vio a mí, en el ciclismo, empezó a pedalear con mucha más fuerza, ja, ja, ja. Y corriendo re bien, cuando vio a todos los niñitos que le ponían la mano, le chocó a todos; decía: «Mi grupo de fans». Contentísimo con su medalla. Es un chico que te atrae, es muy gracioso».
«Actualmente, residimos en Brasil y soy entrenadora, junto a Ezequiel Morales, del equipo EZK team. Tenemos como 250 alumnos, profes que nos ayudan. Algunos hacen triatlón, otros solo duatlón o ciclismo, hay de todo. Vivimos en la playa, bajo el sol y dentro del mar. Es ahí donde nos juntamos todos los días para entrenar».
«A las mujeres deportistas que buscan un lugar, un reconocimiento en su profesión como atletas les digo que se enfoquen, se centren en lo que quieren conquistar y, en el momento y hora cierta, todo llega».
«La verdad que sí, siento y quiero ser un ejemplo de garra, determinación y de mostrar que si queremos conquistar un objetivo, un sueño, un deseo, es posible si nos enfocamos y nos determinamos a conquistarlo».
«Muchas veces recibí mensajes diciendo que mi carrera deportiva las incentivaba a ellas seguir adelante en su deporte, y ahora como entrenadora de un equipo de corrida y triatlón también continúo tratando de demostrar y dar el ejemplo de que se puede, de que es posible llegar a donde nos proponemos y disfrutar en el proceso».
El deporte de alto rendimiento, en muchos casos, y con los más popuares, es tan exigente en el día a día, que casi no permite mirar a largo plazo. Los tiempos libres son utilizados para descansar y optimizar energías. Recién en el epílogo de sus carreras, los atletas se ponen a pensar qué hacer después del retiro. Y muchas veces es demasiado tarde…
María Soledad Omar, y Ezequiel Morales también, mientras entrenaron en alto rendimiento, siempre se prepararon para el día durante y después del retiro. Estudiaron y trabajaron. Hoy trabajan en lo suyo y mucho. Y aún están juntos.
Esta es, más o menos, la historia de amor, deportes y determinación de la histórica, gran deportista y persona: María Soledad Omar: «La madre del triatlón local».
FEDERICO «LOBO» MULLER

