FEDERICO "LOBO" MULLER

TRIATLETA ANA MARÍA BRUNINI EN «ESTADO PURO»

Imaginen una chica que jugó al fútbol en el barrio, después en la universidad. Luego, casi 10 años en la primera de Libertad de nueve metiendo goles, tratando de buscar la «bala blanca», metiéndola en las piolas, pero se había lesionado últimamente seguido en la rodilla, en los ligamentos, y llegaron las operaciones.
Tras ellas, empezó a hacer recuperación, gimnasio, rehabilitación, comenzó a correr, agarró la bici y se puso a nadar porque había mirado acuatlones y eso la marcó en su momento, le gustó lo que vio, y dejó ahí esa disciplina en la «gatera» para un futuro.
Arrancó, tuvo condiciones naturales, debutó en las pruebas combinadas y, más temprano que tarde, ya ganó el campeonato de duatlón, peleó el título de triatlón (se lo arrebataron injustamente, ya que la que se coronó hizo trampa «ruedeando» y la organización «hizo la vista gorda»), ha ganado fechas o por lo menos siempre es candidata a llevarse la jornada.
También ya ha ganado el San Antonio de Padua en pruebas combinadas y el Ases 3200; además, ha concluido de manera mucho más que decorosa la temporada que fue larga e intensa de Triatlón Jeep Costa del Río Uruguay. Sin más preámbulo le decimos bienvenida a Ana María Brunini, a Estado Puro:
«Hola, ¿qué tal? ¿Qué tal a todos? Mucho gusto de estar acá con vos. Muy linda tu presentación, muchas gracias. Muchas gracias. Terminé tercera en la carrera y en el campeonato segunda.  La verdad, que una carrera muy linda,  hermoso lugar, digamos. Muy buenas rivales, la primera y la segunda».
«Anduve bien, pero las dos que llegaron adelante mejor. La segunda me pasó corriendo y no la pude descontar. Luego averigüé, viene del pedestrismo y tiene muy buenos tiempos. Nade bien, tranquila, sin parar. No muy fuerte, pero constante. El problemita en el agua, que me siento sin aire, que no sabemos si es ansiedad o previo a la carrera, como que me cuesta en carrera; de hecho, me costó un poquito largar, largaron el resto de las chicas, yo largué un poquito más atrás».
«Desde que lo detecté, lo empezamos a tratar; voy con Esteban Caprarulo, mi psicólogo deportivo. Es una sensación de que me falta el aire. Y hago ejercicios de respiración antes de las carreras». 
«Nosotros somos cinco hermanos, soy la del medio, somos dos mujeres y tres varones. Mi papá y mi mamá siempre me acompañan a las carreras. Yo nací en Concordia, pero vivíamos en Colonia Ayuí, cerca de Maebia, en ruta 14 y el lago». 
«Teníamos una carnicería ahí y mis tíos un almacén. Ellos vinieron de Chajarí en la época de la represa. La carnicería y el almacén funcionaban gracias a toda la gente que iba a trabajar a la represa. Después, con los años, eso se fue perdiendo, y quedó la gente del lugar, entonces, cuando yo tenía 8 años, nos vinimos a vivir a Villa Zorraquín».
«Tenía el lago como patio de mi casa y nadaba siempre en los veranos, así que ahora es raro lo que me pasa. Haberme criado ahí fue hermoso. Fueron años inolvidables, por la naturaleza. De los mejores. Íbamos al colegio en Villa Zorraquín; nos llevaban hasta allá. Hasta que nos mudamos y ahí la escuela quedaba más cerca».
«Hice judo de chica, me fue bien. Después se fue la profe porque no había alumnos; lo quisieron trasladar al centro, pero en esa época venirse sola de Villa Zorraquin, chiquita, era todo un tema. Mi papá no me iba a poder traer todos los días y mi mamá dijo: «No, sola no te vas a ir». Bueno, dejé, pero era un deporte que me gustaba mucho. Un amigo del barrio me carga y me dice que dejó porque yo le ganaba y los amigos lo cargaban, jaja». 
«Empiezo a jugar futbol en el barrio, a los catorce o quince años, no recuerdo bien. Se había formado un equipo. Entonces, ahí los del club armaron. No dábamos en el club, sino en una canchita que había ahí. Y se armó un equipo de fútbol femenino. Y empezamos con unas amigas de la escuela. No duró mucho tiempo. Después jugamos unos partido y yo enseguida me lesioné la rodilla».
«En esa época no me diagnosticaron que era ruptura de ligamento, me dijeron que era un esguince. Pero bueno, yo cada vez que jugaba me dolía, tuve que dejar y dejé. Y aparte se terminó. El fútbol no se desarrolló».
«Empiezo la facultad a estudiar contabilidad, en teoría, yo ya tenía la rodilla recuperada. Empezamos a jugar ahí en la facu en el Interfacultades, a jugar y enseguida, al tiempito, lo mismo, fui a girar y bueno, de nuevo la misma rodilla, el dolor; ahí fui a otro médico y me dijo que tenía una hernia rectal».
«Jugaba con una rodillera, hasta que Fernando Sobrino, mi médico, me dijo que deje de jugar, que fortalezca la rodilla, porque si no iba a llegar a los 30 con una rodilla de 50, si no me operaba. Y en mi casa yo no tenía obra social en esa época, no me iban a operar para que yo volviera a jugar al fútbol. Entonces, bueno, hice lo que me dijo el médico: «Gimnasio, fortalece y al fútbol no juegues más, porque donde vos empiezas a jugar al fútbol se te va a romper la otra rodilla».
«Fui al gimnasio un tiempo, me olvidé de la rodilla, me sentí perfecta; cuando supuse que estaba bien de la rodilla, vuelvo a jugar con la facultad al fútbol. En esa época creo que teníamos convenio con el Salto Grande y entrenaban ahí las chicas. Al tiempito giro y me rompo la otra rodilla».
«Fernando Sobrino me dijo: «Ahora lo único que podés hacer es natación», tenía recién veinte y pico de años. Empecé natación. Mi hermano iba a nadar al CIN, me sumé con él. No sé, habría hecho un par de años, dos años o tres, no recuerdo. Pero no tenía la competencia, no sentía esa motivación, nunca competí en natación, solo iba y nadábamos. Ahí fue cuando tuve contacto con el acuatlón; mi hermano participaba de eso y nos habíamos armado con una amiga que yo le nadé y que ella corra. Nos anotamos y todo y, bueno, fue una fecha que se suspendió por lluvia, después se volvió a suspender y nunca la logré hacer. Entonces, como que quedaron ahí las ganas».
«Finalmente, tuve la posibilidad de tener una obra social, me operé una rodilla con Fernando, después la otra, y quedé lista para volver al fútbol. Físicamente siempre fui fuerte; en el fútbol también yo ponía cuerpo y no tenía miedo, y ahí después veía que era rápida y pegaba, o sea… le pegaba fuerte a la pelota. Sacaba diferencias con fortaleza, no con manejo de pelota que me costaba». 
«Me recuperé una, después la otra y cuando estuve, volví ya en Libertad. Una de mis amigas que jugaba conmigo en la facultad me había dicho: «Vamos a empezar en libertad». Ella empezó; yo empecé a ir a verla hasta que estuve bien y después me sumé con ella. Con las dos rodillas operadas». 
«Era una nueve de esas que ponía el cuerpo, recibía la pelota, daba el pase a las más habilidosas. O también me tiraban por los laterales; yo la corría rápido, corriendo era más rápida, entonces llegaba y tiraba un centro o unos pases».
«Luego jugué casi diez años, pero siguieron las lesiones. Desgarros, esguinces de tobillos que eran como fisuras, me fisuré el dedo gordo; llegó un momento en el que estaba más tiempo recuperándome de las lesiones que jugando». 
«Me decían: «Ana: ¿Por qué no dejas? «¿Por qué no te dedicas a otra cosa?» Fernando me cargaba. Me decía que hiciera yoga. Y un día me rompo la rodilla de nuevo. Me opera y me la dejo nueva, una intervención mucho más complicada, para volver al fútbol. Me llevó mucho tiempo, muchas sesiones de kinesiología y mucho dolor». 
“Es en ese punto, que voy al gimnasio Tándem, donde había un grupito que se estaba entrenando y siempre tuve esa inquietud. Así que, a fines de 2023, dejé el fútbol un mes y, ya al mes siguiente, empecé a correr, después bici, a nadar y ya me metí con todo, sabía que me gustaba, pero como que el fútbol me gustaba mucho en ese momento y cuando ya sentí que se terminó esa etapa, me volqué de lleno a esto”.
«Soy disciplinada; al principio, cuando empecé, como que parecía que tenía que cumplir todo, pero después, hablando con el entrenador y eso, me dice: «No, el día que no se puede entrenar, se deja ese entrenamiento, no se lo hace; el otro día se sigue con el otro, no pasa nada». Después fui entendiendo eso y fui entendiendo que el descanso es necesario».
«En la bicicleta no tengo miedo, sí respeto; igual, aún nunca me caí. En Concordia había charcos, bajaba la velocidad, no metí un muy buen ritmo. También era mi primer olímpico; ya lo habíamos hablado con mi entrenador, que en la bici no me reviente, cosa de llegar a correr entera. Y corrí mejor que en Santa Ana, que tenía colinas y fue más duro». 

«Comencé con Matías Penco del gimnasio Tándem a hacer duatlones y triatlones. Hasta fines del año pasado, que me cambié al gimnasio Nikaia de Mateo Orlandini». 

«Este año corrí todas las fechas del circuito, así que decidimos parar con los triatlones y en invierno correr duatlones y algunas maratones. Y debutar en un Ironman 70.3. Pero ir subiendo la carga despacio. Porque no tengo las piernas intactas. Tengo que cuidarlas e ir con prudencia». 

¡Lo que no tiene de divisiones inferiores lo tiene de condiciones físicas y psíquicas! El pasado de jugadora de futbol propensa a lesiones y de nadadora nerviosa parece haber quedado atrás con «adaptación activa a su realidad». Con talento, pero con mucha dedicación… hoy se destaca y mucho en el triatlón.

Un placer que haya venido a «Estado Puro», y a ponerle compromiso al deporte, porque no hay muchas mujeres, son poquitas, y a elevar la competencia. No solamente tiene una fuerza física de élite, sino también una mentalidad de élite.

Federico Muller

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