FEDERICO "LOBO" MULLER

LAS ANFETAMINAS: «UN ENEMIGO SILENCIOSO»

La anfetamina es un producto sintético, químico, potente y estimulante que, al consumirla, impacta en nuestro sistema nervioso. Es utilizada con fines terapéuticos, pero también como droga recreativa o para mejorar el rendimiento deportivo.

Los humanos hemos buscado la manera de alterar nuestro estado mental o nuestra conciencia con drogas naturales desde tiempos «inmemoriales». Pero a principios del siglo XX ya se empezó a experimentar y mucho en los laboratorios con drogas sintéticas para crear algún tipo de experiencia nueva.

En los años 30 del siglo pasado se utilizaba como descongestionante nasal. Cuando uno se resfriaba y no respiraba, le daban anfetaminas por la nariz por vía tópica y se le descongestionaba.
Claro, empezaron a notar que te ponía muy pila, te excitaba, y los militares dijeron: «¿Y si en la Segunda Guerra Mundial lo utilizamos en los soldados y les ponemos para que guerreen mucho y maten mucho y todo eso?» Y así la Segunda Guerra Mundial fue una carnicería, porque iban todos anfetaminizados.

Es una medicación que estimula el sistema nervioso. Por lo tanto, todas las neuronas las pone a vivir. Ese es el efecto que buscamos, cuando estamos en la disco o cuando las utilizamos para el tema de estudiar.

Las neuronas son como cables y, como cables, se comunican unas con otras.  Para la neurona de al lado, decirle lo que tiene que hacer o cómo se tiene que descargar. Y esto multiplicado por billones es lo que tenemos conceptualizado como el sistema nervioso central. ¿Qué es lo que hacen las anfetaminas? Las anfetaminas hacen que todas produzcan su secreción a la vez. Claro, todo se agota y se agota mal, pero en el momento del subidón es un subidón impresionante.
Toda la neurotransmisión activa la neurona siguiente y la de al lado y la del otro lado, tenemos ese efecto estimulante para la conducta, nos estimula para el sueño, para el rendimiento; es todo el bombazo neuronal de las anfetaminas.

Si simplemente se tomara una infusión de anfetamina, probablemente no pasaría nada. Pero se meten en esos viajes de anfetaminas, todo fuera, todo hiperactivado; cerebro hiperactivado. Hay gente que tiene el umbral convulsivo, el umbral en el que se desencadena una convulsión, un poco bajo. A esos, en cuanto prueban una anfetamina, les da por convulsionar.
Luego, también desde un punto de vista cardiovascular, que también lo estimulan los nervios: corazón, frecuencia cardíaca; vasos, tensión arterial por los cielos, que hace que revienten arterias. Si yo me tomo anfetaminas, estas arterias empiezan a tener mucha tensión.
Hay mucha gente que, después de tomarse una buena pastilla de anfetamina, se va a la urgencia. Por lo tanto, tengan cuidado, que no es una tontería. También desde el punto de vista del ojo puede desencadenar glaucoma.

Luego puede atascar los riñones y se puede quedar uno en insuficiencia renal. Por lo tanto, no es ninguna tontería. No me jueguen con estas anfetaminas, que son peligrosas.

Estas drogas pueden causar aumento del ritmo cardíaco, subida de la presión arterial y un daño en los vasos sanguíneos del cerebro, por eso pueden conducirnos a un derrame cerebral. En la serie Breaking Bad se hizo inclusive más popular. 

Además, con las anfetas» tenemos un comportamiento ansioso, nervioso, hiperactivo, alterado y errático. Una persona se puede sentir relajada, luego eufórica, al rato ansiosa, irascible y finalmente delirante, paranoica, violenta y «picante». Todo cuanto se hace a gran escala, en cantidad. 

La droga puede incluir muchas sustancias químicas peligrosas como acetona, amoníaco, fertilizante, éter, fósforo rojo y litio. Más la basura que los narcos consideran agregarle. Nada de esto tiene algo bueno que hacer en nuestro cuerpo. 

Cuando la metanfetamina se aspira o se toma por boca, produce euforia y placer en unos minutos. Pero cuando se fuma o se inyecta, llega al torrente sanguíneo y al cerebro con mucha más rapidez, lo que causa una «bomba de placer». Ese «relámpago» es una sensación extremadamente placentera. Lo que amplifica la posibilidad de una adicción y el deterioro.

Los efectos dependen de las personas, sus circunstancias y el producto, como siempre. Cuando te encajas, se libera una catarata de dopamina sumamente tranquilizante, pero el cuerpo va bloqueando su reabsorción, lo que hace que sigamos consumiendo, pero no la absorbamos; por eso va dejando de pegarnos. El organismo dejó de liberar, por ejemplo, dopamina por el exceso de su ingreso. 

Los consumidores crónicos también han presentado síntomas del tipo psicótico, como paranoia y alucinaciones visuales y auditivas. Y la mala noticia es que los síntomas psicóticos a veces pueden durar varios meses o años, inclusive hasta después de que uno haya dejado de consumir.

Los estudios en consumidores crónicos de anfetamina han revelado serios cambios estructurales y funcionales en áreas del cerebro asociadas con la emoción y la memoria, lo cual explica muchos de los problemas emocionales y cognitivos que nos quedan. No sentimos mucho por nadie y no nos acordamos de nada…
Las anfetaminas se usan médicamente para TDAH y narcolepsia, pero siempre con prescripción, dosis controladas y seguimiento médico. Fuera de ese contexto, el riesgo de daño cardiovascular y dependencia es alto.

El consumo puede causar daños irreversibles en el cerebro y favorecer el párkinson o la demencia. Además de las consecuencias neurológicas y conductuales del uso indebido de la metanfetamina, también se sufren efectos físicos, como adelgazamiento, caries dentales, acné, temblores, cabello seco y sin vida, pérdida de los dientes y llagas en la piel.

La prevención y los programas de alcance comunitario sirven para que los chicos sanos no se enfermen y para que los consumidores de drogas puedan cambiar su mirada y pedir ayuda. Ser adicto es un problema grande, pero no podemos subestimar la grandeza humana de nuestro poder de recuperación.

La historia nos demuestra con millones de casos de personas que, acorraladas entre la espada y la pared, han sacado recursos extraordinarios que creían perdidos o no tenían, para poder sobrevivir, recuperarse y empezar a ser y crecer.

Todo ser humano tiene uno o varios motivos para vivir. Tienes que buscar cuál es el tuyo, tu «poder superior»: un sueño de una empresa, un hijo, una madre, un libro, una profesión, Dios, una fundación, un club, un libro… Y en la base siempre están el amor y la pasión.

«El amor y el motivo son las chispas que encienden el motor, y también la gasolina que nos termina llevando a nuestra recuperación».

FEDERICO MULLER

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