FEDERICO "LOBO" MULLER

GUARDAVIDAS Y PROFESOR DE EDUCACIÓN FÍSICA AGUSTÍN MARTINEZ EN «ESTADO PURO»

 

Estoy acá de vacaciones en Praia de Ferrugem, vengo de Garopaba, barrenando, comiendo asado, disfrutando, tomando sol, haciendo nada, recargando las pilas y me encuentro con un loco de Concordia que hace la misma actividad que yo. Es nadador y profesor de natación, de educación física en realidad, maneja un complejo de natación, y vive desde hace casi 12 años en Garopaba, y zonas aledañas. Está viviendo el sueño del pibe: vive en el paraíso.

Ya no se tiene que andar preocupando por la sobrepoblación de autos y semáforos, por el smoke, por tanto cemento, contaminación y mal humor, y formó su familia acá con trabajo y amor. Hijo de un recordado, admirado y hasta el día de hoy nombrado, doctor Martínez Gil. Lo recuerdan en la natación y en el mundo del box. Bienvenido, Agustín Martínez Molineli, a «Estado Puro»:

«Hola, ¿cómo les va? ¿Todo bien? ¿Cómo andas? Muy bien. Ahora empezamos emotivo. Mi viejo, los mejores recuerdos, los mejores ejemplos de cómo ser buena persona, intentando siempre seguir el camino, el legado de él, de la coherencia que él tuvo siempre, la dedicación a su laburo, a la familia, con sus defectos y virtudes como tenemos todos, pero los mejores recuerdos y enseñanzas».

Hace poco tuve un asado y hablaba bien de un amigo y decía: «No, mi amigo es una rata de hospital, se la pasa ahí. Pero es un capo, un fenómeno y no se mueve por dinero, se mueve de corazón, porque tiene vocación; es como el viejo Martínez Gil, dije yo. Y le conté a mi amigo: Sí, ojalá sea un referente que todos queremos ser.» Me dijo.
«Tal cual, siempre el recuerdo que tengo a nivel profesional de él es eso, el hacer, amar lo que hacía. Me acuerdo, tengo recuerdo de golpear la puerta en casa ahí a cualquier hora de la noche, «Va, estoy con mi hijo, no sé qué». Ya bajaba, se ponía, tenía un «El látigo Coggi» le decía, que era una bata y se ponía, bajaba de bata, calzoncillo, lo que tuviera y ya atendía, ya resolvía».

 «Cuando falleció, muchas cosas con nuestra familia, nos enteramos de cosas que había hecho de bien, obras de bien, digamos así, que nunca había dicho nada, había manifestado nada, los había hecho simplemente por ese amor a la vocación, al laburo y al servicio del otro».
«Hasta surgió después que él falleció; se pidió para hacer una hoja de vida de todos los trabajos de él y mi vieja, recaudando y juntando datos, había trabajado en el policlínico, en el Hogar de Ancianos. Y ahí pregunta de qué año a qué año y le dice: «No, no tenemos ningún registro. Porque en realidad nunca trabajó, nunca fue empleado, él vino gratis durante seis años y mi mamá pensó que laburaba y que tenía un sueldo y que trabajaba por ahí. Él fue 6 años o 5, no me acuerdo exactamente, hasta que encontraron un médico y él dejó de ir. Entonces, ese tipo de cosas nos enteramos después de que él fallece y nunca había abierto la boca, o sea, siempre con ese tipo de secreto profesional, digamos, así de claro».

Él estuvo en el boxeo mucho tiempo, siendo el médico de la comisión municipal de boxeo, atendiendo a los boxeadores en los rincones, en la asistencia pública; miraba mucho, le gusta. Me llevaba siempre al ferro, al municipal. Tengo cada recuerdo de noches imborrables de años dorados del boxeo con papá». 
«Yo arranco a nadar en el Hípico con cuatro o cinco años, en su momento era la edad que empezabas en el verano. Estaba la del Salto Grande , la del Regatas solamente, que era piscina climatizada, y arrancabas en verano con cuatro o cinco. Empecé con Federico Bou».

Me acuerdo de que el papá revisaba las cabezas de todos nosotros para ver si no teníamos piojos o nada que llene el agua de bichos. El primer día pasábamos por su mesa y nos daba el carnet de habilitación. Si no pasabas, tenías que ver cómo todos jugaban y vos la veías desde afuera al lado de la piletera Alicia…

«Un día Federico lo llama a mi viejo y le dice que yo, en el momento del calentamiento fuera de la pileta, hacía un movimiento extraño, distinto de brazo, el izquierdo. Que quería que lo viera alguien. No sabía ni qué ni por qué. Fuimos a lo del traumatólogo Esteban Rovira. Y su papá, Y ahí termino derivado al Garraham porque era más específico, en el año 89».

«Tenía una enfermedad sistémica como la leucemia, que hice dos años de tratamiento más o menos, y fui curado. Estuve yendo y viniendo y quedándome allá. En el primer viaje fuimos con el camarógrafo, mi hermano Matías. Los cinco hermanos, mis dos viejos, o sea, siete en total. Sin saber a qué íbamos. Este, y después, bueno, se iban turnando algunos de mis hermanos con mi vieja; mi viejo tenía que trabajar, algunos quedaban en la casa de la tía Pocha, los otros en la casa de los Priede; fue toda una movida para salvarme». 

«Ellos tuvieron que adaptarse a un cambio total. Mi madre estaba todo el tiempo en Buenos Aires, íbamos, veníamos, estuvimos algunos meses que nos quedamos ahí en la casa de unos amigos de Marta y Ernesto que nos daban la casa, el alojamiento, qué sé yo. Y bueno, por suerte fue todo siempre para adelante, nunca una recaída, nada, y estamos acá».

«Volví a nadar, era en la pileta del costado. Luego vino Rolo Dacunda de profe, Victor Bernay, nunca llegué a un nivel de alto rendimiento. Siempre fue un deporte y un medio que me encantó. Y después nadé con «El Pollo» Alvez en calle Bolivia, a los catorce, o quince. «Bastante tiempo ahí».

«Estudio medicina, dejo, me recibo de guardavidas en Buenos Aires. Y empiezo a trabajar en el Servicio Nacional de Discapacidad, que hoy es la ANDIS, más conocido como RAMSAY, y conozco el mundo de la discapacidad y la rehabilitación, que era un mundo que sinceramente no conocía».
«Y ahí me empecé como guardavidas, después faltó un profe, no te das una clase, empecé a dar algunas clases y ahí conozco el rugby en silla de ruedas, empiezo también a ir a ayudar, a mirar, a arreglar una rueda pinchada, a cambiar una, y termino entrenando el equipo de Pacheco, que era el Tigre; se entrenaba la UTN de Pacheco y en ese tiempo hay un torneo sudamericano, venimos a Curitiba, acá, Brasil, con ese equipo y queda la posibilidad de venir a trabajar a Curitiba como entrenador de un equipo de acá».


«Este, en su momento, yo vine con Lili, que actualmente es mi pareja, mi esposa. A ella la conocí en un congreso de discapacidad en Buenos Aires. Y nos volvimos a Argentina después de ese torneo, pero ya con la idea de venir».

«Nosotros tenemos una prima acá, a la que llamé, la contacté para ver cómo era la cuestión de los trámites, de la residencia, de los papeles para venir legalmente. Hablando con mi prima, me explica todo y me dice: «Venite a hacer una temporada de guardavidas acá, que es re lindo».  Yo nada, vi una foto y me encantó y de ahí me vine a ese curso de guardavidas, empecé como guardavidas, y acá estamos desde hace casi 12 años».


«El curso de guardavidas fue difícil, exigente. Llegamos; en su momento, con 3000 reales para los dos y sin trabajo. Yo tenía que hacer el curso todavía, trabajar un mes y ahí recién empezar a cobrar. Mi mujer engancha enseguida en una posada, que estamos acá cerquita. Yo hago el curso y ahí empiezo a trabajar como guardavidas. Esos son nuestros primeros pasos acá en Ferrugem en El Caropaba».

«Y salí a golpear todas las puertas de cualquier negocio de Garopaba. Hasta que paso por la Academia Pinguirito, que es el complejo que hoy gerencio. Un gimnasio con pileta, llevo los currículums y conozco al profesor de natación. Me dice que no buscan, pero sí de musculación. Mi mujer termina de trabajar en la posada un sábado y empieza ahí un lunes. Y al tiempo yo engancho ahí una clase, solamente. Mientras tanto, trabajaba en la fábrica de Mormay haciendo ropa de neopreno. Ahí me iba en bici al mediodía, el lugar es gigante».

«Me iba en bici a dar una clase, comía alguna viandita que me llevaba, volvía a la fábrica hasta la tardecita y me venía en bici hasta acá a Ferruchem, que son 5 km más o menos hasta Garopaba. Y mi mujer iba al gimnasio y laburaba y volvía todo en bici. Arrancábamos bien, bien, a pasito de hormiga. Había que remarla; cuando baja la temporada, hay que trabajar donde se puede. Y hay otra pileta que hay acá que es más chica, una pileta de un lugar que es una clínica de kinesiología; precisaban un profesor, fui, me presenté, y quedé».

«Me probó, le gustó, largué la fábrica y ahí fui haciendo mi camino de profesor, hice la facultad acá de Educación Física acá en Brasil. Ahí cierra la Academia Pinguirito y a los 3 años me junto con un amigo mío que trabajaba en ese lugar también y decidimos reabrirla, la pintamos entera, refaccionamos, y hace 3 años que tenemos la escuela de natación. Hoy es la escuela de natación Pinguirito, que es nuestra, digamos. Nosotros las gerenciamos, tenemos la concesión. Ahí donde va Palomo a nadar».

«Hoy nado dos veces por semana, no mucho, con la paternidad, y cuidar el negocio, dar clases, etc., no tengo tiempo. Entrenamos dos veces por semana con un grupo de alumnos que se armó. Tenemos a Pedro, que hace un año y medio que nació acá. Es brasileño, garopavense. Ahora está en Argentina, con la mamá, paseando».

«Para criar un hijo Garopaba es hermoso. Tenemos el mar acá al lado, los morros, la historia, el clima, toda la naturaleza, este, así que vamos a quedarnos por acá bastante tiempo».
Agustín Martínez Molinari, historia de vida «de Concordia a Garopaba». Hijo de un médico irrepetible, que «tocó el corazón de todos». Él está escribiendo su propia historia acá en Brasil. El lujo no es un auto de alta gama ni una botella de champán francés. El lujo es la playa, el mar y la calidad de vida, y eso no se puede comprar así nomás.

Federico Müller

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