«VIDA Y OBRA» DE ERICA «LA MAQUINITA» ÁLVAREZ EN LA «LEY DEL BOXEO»
La invitada de hoy, quien viene de un pueblo rural, Los Charruas, departamento de Concordia, ha sido campeona argentina y sudamericana welter, viaja a las grandes ciudades de Europa para representarnos, y es el cuento de la Cenicienta moderna: la chica desconocida que por un momento se transforma en reina.
Aquella noche de la coronación, subió con un récord negativo, escasa carrera amateur, sin grandes títulos, entrenando en el humilde gimnasio Espíndola Box de los Charrúas, y con un estilo callejero. Pero mucho más fuerte y entusiasmada que la inmensa mayoría de las boxeadoras. Siendo superior física y psicológicamente al promedio. Y con una determinación a prueba de bombas atómicas y golpes boleados que no se encuentran en los libros.
Pasaron los años y se mantiene aún peleando por títulos y viajando por el mundo. Sus hijos siguen sus pasos. Es una familia que respira boxeo y son de los buenos. Ahora enseñan su método a terceros. No es mucho de hablar, pero finalmente se vino de Charrúas para el streaming de «La Ley del Boxeo»; hizo 50 k de ida y otros más de vuelta.
Esto dijo sobre el boxeo y su vida, quien no para de sorprenderse, hasta a quienes la seguimos desde que la conocimos. Bienvenida, Erica «La Máquina» Álvarez» a «La Ley del Boxeo»:
LOS COMIENZOS
«Hola, ¿cómo andan? Gracias por la invitación. Mi marido era boxeador, así que yo empecé en el 2013 a hacer peleas como amateur. Y en el 2021 como profesional. Era como un hobby, para bajar de peso. Porque mi marido entrenaba y yo lo ayudaba a guantear. Hasta que un día me llamaron si quería pelear, y me subí al ring. Y ahí empecé, hice dos años, me parece, así sin licencia; después, en 2018, tras un descanso de cuatro años, retomé, ya tomándomelo más seriamente».
«Volví de vuelta como amateur, hice varias peleas como peso pesado, iba ganando todas, y venía invicta. Hice como 10 o 12. Iba a Paraná, Santa Fe. Como era una categoría difícil para conseguir rivales, había que viajar mucho. En Concordia, o en Entre Ríos, estaba sin muchas opciones».
«Mi rival clásica era «La Maleva» Feinn, chocamos en Colonia Ayui, Concordia, y en Los Charruas. Sí, me acuerdo, la única que me hizo ver «estrellitas» fue «La Maleva». Era fuerte, mucho más pesada que yo. Y como no había más chicas de mi peso, con «La Cumbierita» Basualdo sí, me acuerdo, luego decidimos hacer la licencia como boxeadora profesional».

«Ahí empecé a bajar de peso mientras llegaba la licencia. Vino el COVID, en ese año, ahí aproveché y bajé de kilo para debutar en 69, así que venía luchando, bajando hasta los 69. Cayó esa pelea porque la otra chica quedó embarazada, seguí bajando, bajando. Eso fue en enero, después en marzo llaman para pelear en 61. Yo estaba en 66, 65… Y bueno, dijimos que sí, ahí empecé, y en abril debuté en abril del 2021, que di 59, era hasta 61 la categoría, pero di 59, jaja».
Cuando yo la vi, no lo podía creer; casi irreconocible. Empieza su carrera profesional y era el lado B, como que la usaban de escaleras. ¿Qué sentías vos que te usen para engordar el currículum de las otras? ¿Era motivador, vitamina?
«A mí me gustaba porque me llamaban para las buenas, por ejemplo, Victoria Bustos, la que fue campeona argentina también. Pero las peleas fueron parejísimas. Un juez me dio empate. Fue por uno o dos puntos. Después con Yamila Abellaneda, otra en Córdoba con Lucrecia Belén Arrieta. En esa pelea gané, me la dieron perdida y los fallos por ahí son injustos en el boxeo».
Yo sabía que eras una «gringa» curtida en el campo, que había mucha mandíbula, gran determinación, muy aguerrida, y que podías dar el batacazo frente a Lucía Pérez, que se te iba a dar y un día se te dio…
«Sí, fue un honor increíble. Por todo el esfuerzo, la dedicación que uno le pone para llegar a campeona argentina y sudamericana y representar ahí a nuestro país y a Sudamérica, es una felicidad, porque toda la dedicación que uno le pone y para esa pelea me reentrené. Mi entrenador, Miguel Espindola, miraba cómo peleaba Lucía Pérez hasta en la cama; ahí tuve guanteo con los chicos: mi hijo y con «El Siveriano».
«Probaba con la derecha, y otras manos. Mi hijo se las comía, era el que se ponía ahí para que le pegue, jajaja. Fui con otros golpes, pero cuando le entra la derecha arriba, decidí seguir usándola porque Lucía no las esquivaba».

Sos una de las chicas de la ciudad o de la provincia de Entre Ríos que ha tenido la posibilidad de salir más veces al exterior; de conocer, muchas ciudades y, obviamente, también otro nivel de boxeo.
LOS VIAJES
«Mi primer viaje al exterior era frente a April Hunter. Allá me cambiaron de oponente. Salí ocho veces. Pelie siete. Porque justo una vez fui, falleció la reina y tuvimos que volver. Así que se suspendió. Volvimos un lunes de pelear con Bustos, y el martes tuvimos que volver a Buenos Aires ahí a hacer el isopado, todo eso y allá en Inglaterra me cambian de rival, me ponen con Georgia O’Connor, a seis rounds. Sí, era una rival muy dura, sí».
«Fue, creo, la única que me rompió la nariz. Ahora, esa chica falleció este año, me parece, de cáncer. Una chica muy buena, me mandaba mensaje todo por WhatsApp. Fui a Inglaterra unas cinco veces, Francia, Austria, y también peleamos en Alemania».

LOS CUESTIONAMIENTOS
Después de ser campeona argentina y sudamericana, tuviste una pelea con la Indiecita Sánchez; no te fue bien. Una gran boxeadora, rápida, y en la televisación de boxeo de primera, la periodista deportiva Silvana Carsetti habló muy mal, se «le salió en la cadena», porque no anduviste bien ese día, se desubicó mal. ¿Qué opinión te merece ese día?
«Yo no miré la pelea, pero me comentaban que decía esto, aquello, pero la verdad es que yo ni la escuché y ni miré la pelea, pero por ahí me enojé, no sé qué puse, algo en el Facebook, porque ella habla, habla y no sabe todo lo que nosotros pasamos los boxeadores, porque siempre está hablando mal de los visitantes. Yo no entiendo cómo pueden tener ahí una periodista así, que siempre habla mal de los deportistas».
LOS HALAGOS
Charruas es un pueblo muy chico y vos de la noche a la mañana te transformaste en la deportista que más lejos llegó en toda la carrera del deporte en general en los Charrúas, ya creo que fuiste reconocida inclusive en el propio municipio de la ciudad, donde sos casi una celebridad.
«Sí, la verdad que no lo puedo creer, fui reconocida, me dieron placas, también un premio que va a quedar recordado para la historia ahí, inmortalizado, creo que se llama así. Y siempre me están ahí dando regalos, así que me siento muy, muy feliz».

Porque vos puedes ser rico, famoso, puedes tener un Lamborghini edición limitada con una pileta olímpica en el capot, pero campeón argentino y sudamericano vas a ser toda la vida.
LOS HIJOS
«Mis dos hijos boxean, «El Pitbull» y «La Furia», que ahora se largó también. Cuando combaten, parece que me va a salir «el corazón por la boca», la verdad es que, como madre, estar ahí me siento muy nerviosa, un cosquilleo, así que por ahí no miro la pelea; como que estoy mirando, pero estoy en otro lado».
Ustedes son una familia que prácticamente vive del boxeo, porque no solo tienen el gimnasio, sino que también trabajan con los chicos durante todo el año preparando y, obviamente, compitiendo, que lo hacen en tu caso, como profesional, y los chicos como amateurs.
«Ya es como que en mi casa el boxeo es una marca registrada, se habla de boxeo, se piensa en boxeo. Mi hijo por ahí dice: «Ay, ya empieza otra vez con boxeo». Y si no estamos ahí, si no es con uno, el otro es boxeo. Y están también un montón de chicos que van a entrenar y están: «¿A qué hora entrenamos?» Por ahí hoy no vamos a entrenar: «¿Y por qué no entrenamos?». Y son varios chicos de todas las edades que empezaron. Y ahí nos entretenemos haciendo técnica, físico, ellos se ponen muy contentos, no están en la calle y todo, así que estamos muy contentos con los alumnos también que van ahí a entrenar con nosotros».
¿Cómo es el día a día de Erika Álvarez cuando está por pelear en el alto rendimiento?
«Ahora estoy descansando de la corrida, pero sí, cuando yo tengo pelea, estoy enfocadísima, me levanto, pongo el despertador a las 6 de la mañana, así que toda la gente me ve corriendo ahí de madrugada, tocando bocina, a «La Maquinita».

«Después venimos, hacemos un poco también ahí bolsa o sombra; me hace hacer mi entrenador o también después de la tarde pesas, a la siesta más o menos, después de la tardecita hacemos boxeo. Es decir, dos o tres veces en el día, cuando tenemos una pelea».
LOS BUENOS EJEMPLOS
«El tema del entrenamiento, bueno, como decíamos, el compromiso, se lo inculcamos a mis hijos y los chicos, a todos, ellos lo ven y lo vieron y yo les digo que me sigan a mí como ejemplo. Bueno, mi marido le dice, siempre le da el ejemplo de mí, que yo corría, que yo esto, que lo otro, y entonces ellos por ahí siguen ahí, porque son guirises y por ahí no quieren hacer esto, no quieren hacer lo otro, y yo le digo. Contestan a veces: «Ay, ya está, Má». Me dicen, pero es así como llegué yo, le digo, con dedicación y esfuerzo».

«Y hacer caso al entrenador, porque por ahí salís enojado con el entrenador, se sacan los guantes, te corre el entrenador. Y los «gurises» también por ahí se van enojados, al otro día vuelven o al rato nomás, porque está a cuatro metros el gimnasio de casa, y se van y después vuelven de vuelta, jaja». «Y todos los días con constancia, todos los días comer bien, no un día comer bien, no un día entrenar a full, todos los días regularmente, es una filosofía de vida».
«Sí, es todos los días, no pan, no gaseosa, por ahí ellos le dan a la gaseosa, le dan a la galletita. Bueno, cuando yo empecé, seriamente, nada de galletita, nada de gaseosa. Bueno, ahora por ahí pan, me tomo un vaso de gaseosa, pero no, ante cada pelea, trato de seguir como empecé».

«Todos buscamos el espectáculo, el knockout. Tuve el nocaut frente a Beta Santana, con un gancho en el ojo, la primera pelea que hice con ella. Y la última con María Ruiz, no sé si le quebró la nariz, o algo así, que no pudo seguir».

Erica «La Maquinita» Álvarez es una máquina de verdad. No solo de no dejarse vencer por la adversidad ni el qué dirán, sino de crecer. Gran ejemplo de vida y «a pulmón». Por todo eso, se metió, para siempre, en la selecta galería de los boxeadores, que han sido campeones argentinos y sudamericanos. Y contra casi todos los presagios.
LA LEY DEL BOXEO
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