FEDERICO "LOBO" MULLER

POR QUE SE CAE EN ADICCIONES

La adicción es una enfermedad crónica caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo e incontrolable de una droga o una conducta problemática. No todo consumo es una adicción o problemático. Hay gente que consume por recreación, salud, o degustación, algo que en pequeñas cantidades es casi imperceptible. Y eso no les genera ningún problema. Adicción o consumo problemático se da cuando esto problematiza nuestra vida, y no somos capaces de cambiar esta conducta.

Nosotros deberíamos hacer un autodiagnóstico casero y saber si se nos está complicando nuestra existencia por tal actitud o consumo. Y si no lo podemos percibir, saber escuchar lo que nos dicen sobre esto. Las personas adictas entramos en una búsqueda patológica, de recompensa, de un alivio, de una calma, a un malestar o a un desequilibrio físico, mental, o emocional.

Yo no conozco a nadie que ande «mendigando» adicciones, ansiedades, depresiones, soledades, violencia y enfermedades, «gorro en mano», por «el amor de dios», en la esquina de un semáforo. La adicción es una resultante de una vida que nos resulta insoportable. Y por no haber hablado, tratado, buscamos la solución en consumos tóxicos y enfermos.

La adicción es un estado de dependencia psicológica y fisiológica, asociado con el ansia de un «respiro» temporal. Yo tengo problemas de bronquios, alergia, respiración, fiebre, ira, dolor de cabeza, sordera, garganta, insomnio, desconcentración, obsesiones y memoria.

Estos problemas físicos y psíquicos pueden afectar el espíritu, y alentar a buscar soluciones y calma con las drogas. Porque al final del día, todos queremos vivir bien y felices. Si sos depresivo, psicótico, esquizofrénico, por dar solo tres ejemplos, vas a buscar desesperadamente un bálsamo, con cualquier droga, que te «prometa» sanación, aunque sea por un momento.

Pero con los consumos problemáticos, las consecuencias serán negativas a largo plazo, con el impedimento de poder controlarlo. Y la droga que te calma, es la que te seduce.

La causa del consumo de drogas puede ser muchas. Los genes de una persona, una deficiencia o trastorno mental, la presencia de problemas físicos, un ambiente enfermo… No hay que olvidar la acción placentera misma de las drogas, ya que tenemos el registro de ese «placer en el cerebro», y nos «enroscamos» deseándolo, una y otra vez.

El sufrimiento emocional que uno viene soportando en el día a día, y su consecuente ansiedad, y depresión, nos acercan a una posible adicción, que es la «punta del iceberg» de una vida insoportable. 

Sumado a esto, el ambiente de nuestra familia y amigos. El estrés ambiental de nuestra realidad puede afectar mucho a la probabilidad de que usemos drogas y que nos lleven a la adicción y a la enfermedad. Violaciones sexuales, violencia verbal, y exposición temprana a la droga, también favorecen una posible adicción.

La importancia de la familia, el afecto, y el amor de los padres. Que en este mundo áspero y cruel, es lo que nos puede salvar, y mal. Y de la necesaria humildad para aceptar los límites, dejarnos guiar, y abrirnos a cambiar.

Usar drogas a cualquier edad puede llevar a la adicción, pero se dice que lo más joven que uno empieza, lo más probable es que progrese. Esto es problemático para los adolescentes, ya que todavía están desarrollando el cerebro, que controla la capacidad de tomar decisiones, y el autocontrol. Y, como todos sabemos, los adolescentes están propensos a comportamientos riesgosos, porque se quiere experimentar. A veces seduce eso peligroso y prohibido. Y eso incluye el consumo de drogas.

Las drogas cambian el cerebro de maneras que hacen que el dejar de usarlas sea duro. Ante un episodio feo, nos defendemos como podemos. Y si aprendimos el uso de drogas, ese será el camino que tomaremos. La mente busca la vía de escape más rápida, usada, y conocida. Recorre una «huella neuronal» dejada por nosotros. Los adictos entrenamos nuestra mente a ser una «demente», o a ser una adicta.

Por eso la drogadicción es una enfermedad crónica, compleja, y dejar de usar las drogas usualmente requiere mucho más que buenas intenciones.

La mayoría de las drogas afectan el «circuito de recompensa» del cerebro inundándolo de dopamina. Este sistema de recompensa controla la capacidad del cuerpo de sentir placer. Para ajustarse al exceso de dopamina, el cerebro disminuye su producción natural. O reduce la capacidad de las células del circuito de recompensa de reaccionar y sentir. Y esto disminuye la euforia que primero tuvimos, un efecto conocido como «tolerancia», ya estás «curtidísimo». Es probable que consumamos más drogas y a cada rato, en un intento de sentir la misma euforia. Que nos siga pegando… Pero ya no nos «levanta» ni nos «pega» tanto.

Luego deambulamos por la vida, muchos hechos unos «zombis», como «muertos vivos». Que estamos listos para darle nuestra vida a las drogas. El cuerpo «reventó». Y buscamos variantes con el alcohol, clonazepán, pucho, o lo que nos saque de nuestra miseria. Llega un momento en que nos metemos cualquier cosa, y ahí es donde ocurren las mayores tragedias. No quieres que «decaiga» y vas a implosionarte «hasta el fin». Estás más duro que «zapato arriba del techo», luego ya necesitas aflojar, bajar, con otras drogas y alcohol, y así poder «reventar».

La adicción es tratable y puede ser exitosamente manejada. Las personas que se están recuperando de una adicción estarán en riesgo de experimentar una recaída. Pero lo importante es confesar, pedir ayuda, y pelearla para superar el mal momento. Un tropezón no es caída. Y tras una caída podemos levantarnos y seguir en lucha.

Las terapias cognitivas y conductuales para tratar la adicción aseguran la mejor posibilidad de éxito. Los enfoques de tratamiento adaptados a cada paciente y a cualquier problema médico, mental y social ocurriendo simultáneamente pueden llevar a una recuperación.

Otra buena noticia es que el uso de drogas y la adicción son prevenibles. Los programas de prevención que involucran a familias, escuelas, comunidades y medios de comunicación son eficaces para prevenir o reducir el uso de drogas. Hay que hacer contracultura. «Aunque seamos una gota en el mar. El mar no es lo mismo sin nuestra gota».

Federico Müller (preventor en adicciones y acompañante terapéutico)

 

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